jueves, 31 de enero de 2013

Del 50 al 59

Qué se entiende por amor puro; que algunas
personas experimentan poca consolación sensible
mientras que otras experimentan mucha
Espero que veas ahora por qué es tan importante que concentremos toda nuestra energía y atención en este suave movimiento de amor en la voluntad. Con toda la reverencia debida a los dones de Dios, mi opinión es que debemos estar completamente despreocupados de los deleites y consuelos del sentido o del espíritu, por muy agradables o sublimes que sean. Si vienen, bienvenidos sean, pero no te detengas en ellos por miedo a quedarte vacío; créeme, gastarás mucha energía si te mantienes mucho tiempo en dulces sentimientos y lágrimas. Es posible, además, que comiences a amar a Dios por esas cosas y no por él mismo. Puedes saber si sucede esto o no, si te sientes aburrido e irritable cuando no las experimentas. Si hallares que este es tu caso, entonces tu amor no es todavía casto o perfecto. Cuando el amor es casto y perfecto, puede permitir que los sentidos se nutran y fortalezcan por suaves emociones y lágrimas, pero nunca se turba si Dios permite que desaparezcan. Sigue gozándose en Dios de la misma manera.
Algunas personas experimentan cierto grado de consolación casi siempre, mientras que otras sólo raras veces. Dios, en su gran sabiduría, determina lo que es mejor para cada uno. Ciertas personas son espiritualmente tan frágiles y delicadas que, a menos que sean siempre confortadas con un poco de consolación sensible, serían incapaces de aguantar las diversas tentaciones y sufrimientos que las afligen mientras luchan en esta vida contra sus enemigos interiores y exteriores. Y hay otros tan frágiles físicamente, que son incapaces de purificarse a través de una rigurosa disciplina. Nuestro Señor, en su gran bondad, purifica a estas personas espiritualmente por medio de consuelos y lágrimas. Hay, sin embargo, otros tan viriles espiritualmente, que encuentran suficiente consuelo en el reverente ofrecimiento de este sencillo y pequeño amor y en la suave armonía de sus corazones con el de Dios. Encuentran tal fortalecimiento espiritual en su interior, que necesitan poco de otro consuelo. Cuál de estas personas es más santa o cercana a Dios, sólo él lo sabe. Yo, ciertamente, no lo sé.
 
51
Que los hombres han de procurar no interpretar
literalmente lo que se dice en sentido espiritual,
en particular el «dentro» y «arriba»
Fija, pues, humildemente tu ciego impulso de amor en tu corazón. No hablo de tu corazón físico, por supuesto, sino de tu corazón espiritual, de tu voluntad. Procura no tomar las cosas espirituales de que te hablo en sentido literal. Créeme, la vanidad humana de los que tienen una mente rápida e imaginativa puede llevarles a grandes errores al obrar así.
Consideremos, por ejemplo, lo que te dije sobre el ocultar tu deseo ante Dios lo mejor que puedas. Si te hubiera dicho que le mostraras tu deseo, lo hubieras tomado quizá más al pie de la letra que ahora, cuando te digo que lo ocultes. Pues ahora te das cuenta de que ocultar algo intencionadamente es introducirlo en lo hondo de tu espíritu. Sigo creyendo que se necesita una gran cautela al interpretar las palabras empleadas en un sentido espiritual para no distorsionarías por un significado literal. Has de cuidar, en particular, las palabras «dentro» y «arriba», por el gran error y decepción que puede producir en la vida de los que se han propuesto ser contemplativos, la distorsión del significado que está detrás de estos vocablos. Puedo confirmar esto con mi propia experiencia y con la de otros. Pienso que te seria muy útil saber algo de estos engaños.
Un joven discípulo de la escuela de Dios, que acaba de abandonar el mundo, cree que por el hecho de haberse entregado a la oración y a la penitencia durante algún tiempo y bajo la dirección de su padre espiritual, ya está preparado para iniciar la contemplación. Ha oído hablar o ha leído sobre ella en el sentido de que «el hombre debe recoger todas sus facultades en si mismo» o «que debe saltar por encima de sí mismo». No bien ha oído esto cuando, arrastrado por su ignorancia de la vida interior, por la sensualidad y la curiosidad, distorsiona su significado. Siente dentro de sí mismo una curiosidad natural por lo oculto y misterioso, y supone que la gracia le llama a la contemplación. Se aferra tan testarudamente a esta convicción, que si su padre espiritual no está de acuerdo con él, se pone muy triste. Entonces comienza a pensar y a decir a otros, tan ignorantes como él, que no le entienden. Se aleja y movido por la audacia y la presunción, deja la oración humilde y la disciplina espiritual demasiado pronto, para comenzar (así lo supone él) la obra de la contemplación. Si de verdad persiste en ella, su obra ni es divina ni es humana, sino, para decirlo llanamente, algo no natural, instigado y dirigido por el demonio. Es una senda directa a la muerte del cuerpo y del alma, pues es una aberración que lleva a la locura. Pero él no se da cuenta de esto, y pensando insensatamente que puede poseer a Dios con su entendimiento, fuerza su mente a concentrarse en nada más que en Dios.

52
Cómo algunos jóvenes principiantes presuntuosos
interpretan mal la palabra «dentro»;
los engaños que resultan de ello
El fracaso del que estoy hablando se origina del siguiente modo. El neófito oye y lee que debe dejar de aplicar sus facultades externas a las cosas externas y trabajar interiormente. Bien entendido, esto es cierto. Pero como este sujeto no es capaz de trabajar interiormente, sus esfuerzos llegan a frustrarse. Se vuelve morbosamente introspectivo y fuerza sus facultades, como si por la fuerza bruta pudiera hacer que sus ojos vieran y sus oídos oyeran cosas interiores. De igual manera abusa de sus sentidos exteriores y de sus emociones. Así violenta su naturaleza presionando sobre su imaginación tan brutalmente con su estupidez, que su mente al fin estalla. Entonces queda abierto el camino al enemigo para simular cualquier fantasía de luz o sonido, algún suave olor o gusto delicioso. El demonio puede también excitar sus pasiones y despertar toda suerte de sensaciones raras en su pecho o entrañas, su espalda, sus extremidades y otros órganos.
El pobre insensato, por desgracia, queda atrapado por estos engaños y cree que ha alcanzado una contemplación de Dios llena de paz por encima de toda tentación de pensamientos vanos. En realidad, no está del todo equivocado, ya que ahora se encuentra tan saciado de mentiras que los vanos pensamientos realmente no le turban. ¿Por qué? Porque el mismo enemigo, que le podría molestar con tentaciones si estuviera entregado a una oración genuina, es el encargado de dirigir esta pseudoactividad y no es tan estúpido como para entorpecer su propia obra. Con gran astucia deja al insensato atrapado en sus redes entretenido en suaves pensamientos sobre Dios, a fin de que no se descubra su perversa mano

53
De los diversos amaneramientos inadecuados
en que caen los pseudocontemplativos
El comportamiento espiritual y físico de los que se entregan a cualquier tipo de pseudocontemplación se presta a aparecer muy excéntrico, mientras que los amigos de Dios siempre se conducen con sencillez y naturalidad. Cualquiera que conozca a estos ilusos en la oración podría ver cosas verdaderamente extrañas. Si sus ojos están abiertos, pueden llegar a mirar fijamente como los de un perturbado mental, o estar desorbitados de horror como quien ve al diablo, y bien podría ser, porque no está lejos. A veces sus ojos miran como los de una oveja herida próxima a la muerte. Unos inclinan la cabeza hacia un lado, como si llevaran un gusano en las orejas. Otros, cual espíritus, emiten sonidos estridentes y plañideros que suponen sustituyen al habla. Normalmente son hipócritas. Otros, finalmente, gimen y sollozan en su deseo y ansia de ser escuchados. Están a un paso de los herejes y de aquellas personas astutas y engañosas que arguyen contra la verdad.
Cualquiera que los observe podría advertir sin duda muchos otros amaneramientos grotescos e inadecuados, aunque algunos son tan inteligentes que logran mantener en público una actitud respetable. Si se los observara cuando están desprevenidos, creo que su vergüenza seria evidente, y todo aquel que con audacia se atreviera a contradecirlos seria objeto de su ira. Creen, sin embargo, que todo lo que hacen lo hacen por Dios y en servicio a la verdad. Pero estoy convencido de que si Dios no interviene con un milagro para que renuncien a su engañosa locura, su «estilo de amar a Dios» los conduciría derechos a las garras del diablo rematadamente locos. No digo que todo el que esté bajo la influencia del diablo se vea afligido con todos estos achaques, aunque no lo considero imposible. Pero todos sus discípulos se hallan corrompidos por alguno de ellos o por otros semejantes, como explicaré ahora, si Dios quiere.
Hay algunos tan cargados con toda suerte de excentricidades y amaneramientos refinados, que cuando escuchan adoptan una forma recatada de retorcer la cabeza hacia arriba y hacia un lado, quedando boquiabiertos. ¡Diríase que tratan de escuchar con la boca en lugar de hacerlo con los oídos! Algunos, cuando hablan, apuntan con los dedos hacia sus propias manos o al pecho o hacia aquellos a los que están sermoneando. Otros no pueden estar sentados, ni de pie, ni acostados sin mover los pies o gesticular con las manos. Algunos reman con los brazos como si trataran de atravesar a nado una gran extensión de agua. Otros, finalmente, están siempre haciendo muecas o riéndose sin motivo a cada momento como chicos atolondrados o payasos absurdos sin educación. Cuánto mejor es una postura modesta, un porte tranquilo y compuesto, un candor alegre.
Con esto no pretendo dar a entender que estos amaneramientos sean un gran pecado en sí mismos o que todos aquellos que los emplean sean necesariamente grandes pecadores. Pero es mi opinión que si estas afectaciones dominan a una persona hasta el punto de tenerla esclavizada, son prueba de orgullo, de sofistería, exhibicionismo y curiosidad. Por lo menos, demuestran el corazón veleidoso y la inquieta imaginación de una persona que carece tristemente de un espíritu verdaderamente contemplativo. Si hablo de ellos es únicamente con el fin de que el contemplativo pueda preservar la autenticidad de su propia actividad evitándolos.
 
54
Que la contemplación agracia al hombre con sabiduría
y equilibrio y le hace atractivo en cuerpo y espíritu
A medida que la persona madura en la obra de la contemplación, descubrirá que este amor gobierna su comportamiento de una manera conveniente tanto interna como externamente. Cuando la gracia atrae a un hombre a la contemplación, parece transfigurarlo incluso físicamente de tal forma que, aunque sea contrahecho por naturaleza, aparece cambiado y agradable a la mirada. Toda su personalidad se vuelve tan atractiva, que las buenas personas se honran y se deleitan estando en su compañía, fortalecidas por el sentido de Dios que irradia de ellos.
Haz, pues, lo que está de tu parte y coopera con la gracia para conseguir este gran don, pues te enseñará cómo el hombre que lo posee se sabe gobernar a sí mismo y todo lo que le atañe. Será capaz incluso de discernir el carácter y temperamento de otros cuando sea necesario. Sabrá cómo acomodarse a cualquiera (para asombro de todos), incluso a los pecadores empedernidos, sin pecar él. La gracia de Dios actuará por él, arrastrando a otros a desear ese mismo amor contemplativo que el Espíritu Santo despierta en él. Su comportamiento y conversación serán ricos en sabiduría espiritual, fuego y frutos de amor, pues hablará con una seguridad llena de calma y desprovista de falsedad y del fingido servilismo de los hipócritas.
Hay quienes canalizan todas sus energías físicas y espirituales para aprender a apoyar y rodear su inseguridad con serviles sollozos y afectada piedad. Están más preocupados por aparecer santos ante los hombres que
por serlo ante Dios y ante sus ángeles. Tales personas se encuentran más confusas y avergonzadas por un falso gesto o por una falta de etiqueta en sociedad que por mil vanos pensamientos y feas inclinaciones al pecado, intencionadamente estimulados o jugando perezosamente con ellos, en la presencia de Dios y de sus ángeles. ¡Ah, Señor Dios! Una gran dosis de humilde afectación denota ciertamente un corazón orgulloso. Es cierto que una persona verdaderamente humilde ha de conducirse con modestia en palabras y gestos, reflejando la disposición de su corazón. Pero no puedo soportar una voz humilde afectada, contraria a la sencillez natural de carácter. Si estamos diciendo la verdad, usemos un sencillo y sincero tono de voz que esté acorde con la propia personalidad. Una persona que, por naturaleza, tiene una voz franca y alta y que de modo habitual musita en un cuchicheo a media voz -excepto, naturalmente, si está enfermo o habla en privado a su confesor o en secreto a Dios- es ciertamente un hipócrita. Poco importa que sea novicio o que tenga una gran experiencia; es un hipócrita.
¿Qué más puedo decir sobre estos engaños traicioneros? Realmente, si el hombre no tiene la gracia de deshacerse de estos plañideros hipócritas, corre peligro. Pues entre el secreto orgullo de su corazón y la hipocresía de su conducta, el pobre desgraciado puede caer pronto en un terrible fracaso.
 
55
Que los que condenan el pecado
con celo indiscreto quedan burlados
El enemigo puede, además, engañar a ciertas personas con otras trampas insidiosas. Les puede incitar con celo a mantener la ley de Dios desarraigando el pecado del corazón de otras personas. No vendrá nunca derecho a tentarlos con algo obviamente pecaminoso. Por el contrario, los incitará a asumir el papel de prelados celosos que supervisan todos los aspectos de la vida cristiana, como abad que inspecciona a sus monjes. Reprende a todos y a cada uno por sus faltas, como sí fuera un pastor legítimamente constituido. Siente que debe echarles en cara hasta la ira de Dios que se manifiesta por él, y sostiene que es impelido por el amor de Dios y el fuego de la caridad fraterna. Pero en realidad miente, pues es el fuego del infierno en su cerebro e imaginación lo que le incita.
Lo que sigue parece confirmar esto. El demonio es un espíritu que, como los ángeles, no tiene cuerpo. Pero siempre que con el permiso de Dios él (o cualquier ángel) toma un cuerpo para tratar con los hombres, el cuerpo que elige refleja de alguna manera la naturaleza de su misión. Vemos esto en la Sagrada Escritura. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento encontramos que, cuando un ángel era enviado para cualquier obra, su cuerpo o su nombre reflejaba su mensaje espiritual. De la misma manera, siempre que el enemigo toma forma humana, alguna cualidad de su cuerpo reflejará su intención.
Un ejemplo concreto ilustra esto muy bien. He aprendido de algunos de los estudiantes de nigromancia (culto que enseña la comunicación con los espíritus malignos), y de otros a los que se les ha aparecido el diablo en forma humana, el tipo de cuerpo que precisamente suele adoptar. Me han dicho que cuando se aparece, normalmente acostumbra tener un solo orificio nasal ancho y espacioso, y que puede fácilmente volver su cabeza hacia atrás de manera que el hombre puede ver directamente su cerebro, que aparece como el fuego del infierno. Un demonio no puede tener otro cerebro, y se da por muy satisfecho si puede inducir al hombre a contemplarle, pues la visión sacará al ser humano fuera de si para siempre. (El aprendiz experto de magia negra sabe muy bien esto y, por ello, toma las precauciones debidas, para no ponerse en peligro él mismo).
Así, pues, cuando el demonio asume un cuerpo, puedes estar seguro de que este reflejará de alguna manera su intención. En el caso de falso celo que estamos considerando, inflama de tal manera la imaginación de sus contemplativos con el fuego del infierno, que repentina e imprudentemente se desatarán con presunción increíble. Se arrogan a si mismos el derecho de amonestar a otros, con frecuencia de una manera cruel y precipitada. Y todo porque sólo tienen un único orificio nasal espiritual. La división de la nariz del hombre en dos fosas sugiere que debe poseer un discernimiento espiritual que le permita decidir lo bueno de lo malo, lo malo de lo peor, y lo bueno de lo mejor antes de formular un juicio. (Por cerebro entiendo la imaginación espiritual, pues según la naturaleza la imaginación reside y funciona en la cabeza).
 
56
Que aquellos que confían más en su propia inteligencia
natural y en el saber humano que en la doctrina común
y la dirección de la Iglesia están engañados
Hay todavía otros que, aunque escapen a los engaños que acabo de describir, caen víctimas de su orgullo, de su curiosidad intelectual y de su saber de eruditos al rechazar la doctrina común y la orientación de la Iglesia. Estas personas y sus seguidores confían demasiado en su propio saber. Nunca estuvieron enraizados en esa humilde y ciega experiencia del amor contemplativo y de la bondad de vida que le acompaña. Son así vulnerables a la pseudoexperiencia trazada y dirigida por su enemigo espiritual. Llegan hasta levantarse y blasfemar contra los santos, los sacramentos y las ordenanzas de la santa Iglesia. Los hombres sensuales y mundanos que creen que las exigencias de la Iglesia para la enmienda adecuada de su vida son demasiado molestas, corren pronta y fácilmente detrás de estos herejes, y los apoyan. Y todo porque imaginan que estos herejes los conducirán por una senda más suave que la santa Iglesia.
Ahora bien, creo realmente que todo aquel que no emprenda el camino arduo del cielo se deslizará fácilmente por el camino del infierno, como veremos cada uno de nosotros el último día. Estoy convencido de que si pudiéramos ver a estos herejes y sus seguidores en el momento actual, como los veremos en el día del juicio, nos daríamos cuenta de que, además de su abierta presunción al negar la verdad, están cargados con grandes y pesados pecados cometidos en su vida privada. Se dice de ellos que en su vida privada están tan llenos de vil lujuria como lo están de la falsa virtud que despliegan en su vida. pública. Con toda verdad bien pueden llamarse los discípulos del Anticristo 

57
Cómo algunos jóvenes presuntuosos principiantes
distorsionan la palabra «arriba»;
los engaños que se siguen
Dejemos a un lado esta discusión ahora y volvamos a lo que comencé a decir sobre la comprensión espiritual de ciertas palabras clave.
Dije más arriba que los jóvenes discípulos de espiritualidad que no tienen cuidado con la presunción están muy inclinados a interpretar mal la palabra «arriba». Oirán decir o leerán que los contemplativos deben «levantar su corazón a Dios». Inmediatamente comienzan a clavar la mirada en las estrellas como si estuvieran en otro planeta y a escuchar como si esperaran captar cantos celestiales de ángeles. A veces enfocan su curiosa imaginación a penetrar los secretos de los planetas y a perforar el firmamento con la esperanza de ver en el espacio exterior. Están inclinados a imaginarse a Dios según sus propias fantasías, viéndole en suntuosa vestimenta y sentado en un trono exótico. Alrededor de él se imaginan ángeles en forma humana, dispuestos como músicos en una orquesta. Créeme, no se ha visto ni oído nada semejante en esta vida.
Algunas de estas personas son engañadas de una manera increíble por el demonio, que incluso les enviará una especie de rocío que pretende ser el alimento celeste de los ángeles. Parece llegar suave y delicadamente de los cielos, dirigiéndose de modo maravilloso hacia su boca. Así han contraído el hábito de estar boquiabiertos como si trataran de coger moscas. No te engañes. Todo esto es una ilusión, a pesar de sus matices piadosos, pues al mismo tiempo su corazón está vacío de fervor genuino. Por el contrario, esas locas fantasías les han llenado de tal vanidad, que el demonio puede llevarles fácilmente a hacerles oír extraños ruidos, iluminaciones raras y deliciosos olores. Es un engaño lamentable.
Estas gentes, sin embargo, no ven el engaño y están convencidas de que emulan a santos como Martín, que, en una revelación, vio a Cristo entre los ángeles vestido de esplendor; o Esteban, que vio al Señor glorioso en los cielos; o los discípulos, que le estaban mirando mientras desaparecía en las nubes. Creen que, como ellos, deberíamos mantener nuestra mirada fija en los cielos. Yo estoy de acuerdo en que deberíamos levantar nuestros ojos y manos en gestos corporales de devoción según nos impulse el Espíritu. Pero insisto en que nuestra actividad contemplativa no ha de dirigirse hacia arriba o abajo, a este lado o al otro, adelante o atrás, como si fuera una máquina. Pues no es actividad de la carne sino aventura de vida interior emprendida en el Espíritu.
 
58
Que ciertos ejemplos de san Martín y san Esteban
no se han de tomar literalmente como ejemplos
de elevación hacia arriba durante la oración
Con respecto a lo que algunas personas dicen sobre san Martín y san Esteban, debemos recordar que, aunque tuvieron visiones de Cristo, fueron gracias extraordinarias destinadas a confirmar una verdad espiritual. Estas personas saben muy bien que Cristo no llevó nunca la capa de san Martín -¡como si tuviera necesidad de ser protegido contra los elementos!-. No, esta manifestación fue para instrucción de aquellos de nosotros que somos llamados a la salvación como miembros del único cuerpo de Cristo. Cristo confirmaba, de esta forma simbólica, lo que ya había enseñado en el Evangelio. Allí leemos que todo aquel que viste a un pobre o lo sirve en una necesidad material, física o espiritual por amor de Jesús, ha servido de hecho a Jesús mismo y será recompensado por él. En este ejemplo particular el Señor en su sabiduría decidió ratificar el Evangelio con un milagro y por eso se apareció a san Martín vestido con la capa que este había dado a un pobre. Toda revelación como esta hecha a los hombres en la tierra tiene un profundo significado espiritual. Y por mi parte, creo que si la persona que la recibe pudiera captar este significado profundo de manera distinta, la visión sería innecesaria. Aprendamos, pues, a ir más allá de la dura corteza y morder en lo jugoso del fruto.
¿Cómo haremos esto? Ciertamente, no como los herejes, pues son como borrachos que han apurado la copa y después la estrellan contra la pared. Mantengámonos en la verdad y evitemos esta grosera conducta. No debemos comer tanta fruta que lleguemos a aborrecer el árbol, ni hemos de beber tan desenfrenadamente que rompamos la copa cuando nos hayamos llenado. Ahora bien, el árbol y la copa representan visiones extraordinarias y otras gracias sensibles tales como los gestos de devoción que he señalado. La fruta y el vino representan el profundo significado espiritual de estas gracias. Si estos gestos están inspirados por el Espíritu, tienen sentido y son genuinos; de lo contrario, son hipócritas y falsos. Cuando son auténticos, son ricos en fruto espiritual, por eso no debemos despreciarlos. ¿No besa reverentemente la gente noble la copa por el vino que contiene?.
Por lo que respecta a la ascensión física de nuestro Señor a la vista de su madre y de sus discípulos, ¿han de entender esto los contemplativos como una invitación a estar absortos durante la oración, esperando contemplarle entronizado en su gloria o de pie en los cielos como lo vio san Esteban? Ciertamente, él no espera que escudriñemos el cielo durante el tiempo de nuestra actividad espiritual con el fin de contemplarle de pie, sentado, echado o en cualquier otra postura. No conocemos en realidad la naturaleza de la humanidad glorificada de nuestro Señor, ni conocemos tampoco la posición que ha adoptado en el cielo. Esto es trivial, por otra parte. Lo que sabemos es que su cuerpo humano y su alma están unidos para siempre con su divinidad en la gloria. No sabemos ni necesitamos saber qué hace, sino tan sólo que se posee a si mismo en completa libertad. Cuando en una visión se revela a si mismo en esta o aquella postura, lo hace para poner de relieve su mensaje espiritual y no para manifestar su semblante celestial.
Voy a clarificar más esto con un ejemplo. Estar de pie es símbolo de asistencia o apoyo. Antes de la batalla, por ejemplo, un amigo dirá a otro: «Animo, camarada. Lucha bravamente y no decaigas de ánimo, pues yo estaré a tu lado». Obviamente, cuando dice «yo estaré a tu lado», no se refiere a la postura física, pues quizá caminan en un escuadrón de caballería hacia una batalla que se ha de librar a caballo. Quiere decir que él estará allí dispuesto a ayudar. De modo semejante, nuestro Señor se apareció de pie a san Esteban durante su martirio para darle ánimos. No tenía intención de darnos una lección de cómo soñar despiertos. Más bien, es como si dijera a todos los mártires en la persona de san Esteban: «¡Mira, Esteban! He rasgado el firmamento para revelarme a mí mismo como presente aquí. Has de saber que yo estoy realmente a tu lado con mi fuerza omnipotente dispuesto a ayudarte. Así, pues, mantente en tu fe y soporta animosamente el mortal asalto de los que te apedrean, pues te coronaré con la gloria por el testimonio que has dado de mi, y no sólo a ti, sino a todos aquellos que sufren por mi amor».
Espero que entiendas ahora que estas revelaciones físicas van dirigidas a manifestar una verdad espiritual, aunque pueda quedar oculta a un observador superficial.
 
59
Que la ascensión corporal de Cristo no ha de tomarse
como ejemplo para probar que los hombres han de
forzar su mente hacia arriba durante la oración;
que en la contemplación se ha de olvidar el tiempo,
el lugar y el cuerpo
Objetas ahora que, puesto que nuestro Señor ascendió a su Padre físicamente como Dios y como hombre, la ascensión tiene también para nosotros una lección tanto física como espiritual. A esto he de contestar diciendo que en su ascensión la humanidad de nuestro Señor quedó transformada y que su cuerpo, aunque físico, era un cuerpo inmortal. Había muerto, pero en su resurrección se vistió de inmortalidad. Sabemos que nuestros cuerpos resucitarán también en gloria en el último día. Serán, pues, espiritualizados y tan ágiles como lo es ahora nuestro pensamiento. Arriba o abajo, izquierda o derecha, detrás o delante serán una y la misma cosa, como nos dicen los teólogos. Pero todavía no hemos recibido esta gloria, y por lo mismo sólo podemos subir al cielo de una manera espiritual, que no tiene nada que ver con la dirección de la que hablamos ordinariamente.
Quiero que sepas claramente que los que obran espiritualmente, de modo especial los contemplativos, han de andar con cautela a la hora de interpretar lo que leen. Leemos «eleva» o «entra» o «impulso», pero debemos darnos cuenta de que estas expresiones no se dicen en un sentido literal o físico. «Impulso» o movimiento no se refiere a un movimiento físico ni la palabra «descanso» dice relación a una postura de reposo o de inmovilidad. Pues cuando nuestro trabajo es auténtico y maduro, es totalmente espiritual, alejado tanto del movimiento como del reposo. Además, se podría efectivamente describir mejor el término «impulso» como una transformación súbita que como una moción. En cualquier caso, tratándose de esta actividad espiritual, olvídate totalmente de lo que es tiempo, localización física y materialidad.
Sé cauto, por tanto, para no interpretar la ascensión en términos literales y materiales. No fuerces tu imaginación durante la oración en un loco intento de elevar tu cuerpo hacia arriba como si quisieras llegar a la luna. En la esfera del espíritu todo esto carece de sentido. Por lo que se refiere a la realidad física de la ascensión, recuerda que sólo Cristo ascendió físicamente, como lo atestiguan las Escrituras cuando dicen: «Nadie ha subido al cielo, sino el que ha bajado del cielo: el Hijo del Hombre». Así, pues, aun cuando nos fuera posible ahora subir al cielo físicamente (que no lo es), la causa seria una sobreabundancia de poder espiritual y no el esfuerzo de la imaginación hacia arriba o hacia abajo, a la izquierda o a la derecha. Es inútil y harás bien en evitar este error.


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miércoles, 30 de enero de 2013

40, 41 , 42 ,43 ,44 ,45 ,46, 47, 48 y 49

Que durante la contemplación la persona da de lado
toda meditación sobre la naturaleza de la virtud
y del vicio
Como ya he explicado, has de sumergir tu ser en la realidad espiritual significada por la palabra «pecado», no insistiendo, sin embargo, en una clase particular de pecado tal como el orgullo, la ira, envidia, codicia, pereza, gula, lujuria o cualquier otro pecado, sea mortal o venial. Pues, para un contemplativo, ¿qué importa la clase o la gravedad del pecado? A la luz de la contemplación cualquier cosa que le separa de Dios, por leve que sea, aparece como un mal atroz y le roba la paz interior.
Trata de experimentar el pecado como un conjunto de algo, entendiendo que eres tú mismo, pero sin definirlo con precisión. Luego grita en tu corazón esta única palabra: «pecado», «pecado», «pecado», o «socorro», «socorro», «socorro». Dios puede enseñarte lo que quiero decir por medio de la experiencia mucho mejor de lo que puedo hacerlo con palabras. Pues lo mejor es que esta palabra sea totalmente interior sin un pensamiento definido o un sonido real. En ocasiones, te sentirás tan saturado de lo que es el pecado, que la tristeza y el peso del mismo se extenderá por todo tu cuerpo y alma, hasta llegar a exclamar la misma palabra.
Todo esto es igualmente cierto de la palabra «Dios». Sumérgete en la realidad espiritual de que te habla, pero sin ideas precisas de las obras de Dios, sean grandes o pequeñas, espirituales o materiales. No consideres ninguna virtud en particular que Dios pueda enseñarte con su gracia, sea la humildad, la caridad, paciencia, abstinencia, esperanza, fe, moderación, castidad o pobreza evangélica. Porque, en cierto sentido, para el contemplativo todas son lo mismo. Él encuentra y experimenta todas ellas en Dios, quien es la fuente y esencia de toda bondad. El contemplativo ha llegado a comprender que si posee a Dios, posee todos los bienes, y por eso no desea nada en particular sino sólo al buen Dios mismo. Y tú también debes hacerlo así, en cuanto te es posible con su gracia. Que esta palabra represente para ti a Dios en toda su plenitud y nada más que la plenitud de Dios. Que nada sino Dios predomine en tu mente y en tu corazón.
Y dado que, mientras vivas en esta vida mortal, habrás de sentir en alguna medida el peso del pecado como parte y parcela de tu ser, sé lo suficientemente prudente para alternar entre estas dos palabras: «Dios» y «pecado». Acuérdate de este principio general: si posees a Dios te verás libre del pecado, y cuando estás libre del pecado posees a Dios.
 
41
Que en todo, excepto en la contemplación,
la persona ha de ser moderada
Si me preguntas ahora qué clase de moderación has de observar en la obra de la contemplación, te responderé lo siguiente: ninguna. En todo lo demás, como el comer, beber y dormir, la moderación es la regla. Evita los extremos de calor y frío; guárdate contra el exceso por más o por menos en la lectura, la oración o el compromiso social. En todas estas cosas, repito, sigue el sendero del medio. Pero en el amor no guardes medida. En realidad, desearía que nunca cesaras en esta obra del amor.
Has de darte cuenta, en efecto, de que en esta vida te será imposible continuar en esta obra con la misma intensidad durante todo el tiempo. La enfermedad, los achaques del cuerpo y del espíritu y otras innumerables necesidades de la naturaleza te dejarán indispuesto y apartado de sus alturas. Al mismo tiempo, sin embargo, te aconsejo que te mantengas siempre con buen ánimo y si quieres, con alegría. Lo que quiero decir es que con el deseo puedes permanecer en ella aun cuando interfieran otras cosas. Por amor de Dios, evita, pues, la enfermedad en cuanto te sea posible, a fin de que no seas responsable de una enfermedad innecesaria.
Te hablo seriamente cuando digo que esta obra exige una disposición relajada, sana y vigorosa tanto de cuerpo como de espíritu. Por amor de Dios, disciplínate en el cuerpo y en el espíritu a fin de mantener tu salud el mayor tiempo posible. Pero si, a pesar de tus mejores esfuerzos, la enfermedad te domina, sé paciente en soportarla y espera con humildad la misericordia de Dios. Esto basta. En efecto, tu paciencia en la enfermedad y en la aflicción puede ser a menudo más grata a Dios que los tiernos sentimientos de devoción en tiempos de salud.
 
42
Que no teniendo moderación en la contemplación,
el hombre puede llegar a la perfecta moderación
en todo lo demás
Quizá estés preguntándote ahora cómo determinar la medida adecuada en la comida, la bebida, el sueño y demás. Te contestaré brevemente: conténtate con aceptar las cosas según vienen. Si te entregas generosamente a la obra del amor, estoy seguro de que sabrás cuándo has de comenzar y terminar cualquier otra actividad. No puedo creer que una persona entregada con toda su alma a la contemplación pueda errar por exceso o por defecto en estos asuntos externos, a menos que sea una persona que siempre yerre.
¡Ojalá yo pudiera estar siempre preocupado y ser fiel a la obra del amor en mi corazón! Dudo que entonces me preocupase mucho de mi comida, bebida, sueño y conversación. Pues ciertamente se consigue antes moderación en estas cosas por despreocupación de las mismas que a través de una introspección angustiosa, como si esta ayudara a determinar la medida adecuada. Con seguridad nada de lo que haga o diga puede realmente conseguirlo. Que otros digan lo que quieran; la experiencia es mi testigo.
Por eso te digo, una vez más, eleva tu corazón con un ciego impulso de amor, consciente ora del pecado, ora de Dios, deseando a Dios y detestando el pecado. A este lo conoces demasiado bien, pero tu deseo tiende hacia Dios. Pido que el buen Dios venga en tu ayuda, pues al llegar a este punto le necesitarás muchísimo.
 
43
Que el hombre ha de perder la conciencia radical
de concentración en su propio ser,
si es que quiere llegar a las altas cimas
de la contemplación en esta vida
Sé cauto al vaciar tu mente y tu corazón de todo excepto de Dios durante el tiempo de esta obra. Rechaza el conocimiento y la experiencia de todo lo que es inferior a Dios, dejándolo bajo la nube del olvido. Y has de aprender también a olvidar no sólo a toda criatura y sus obras sino también a ti mismo, juntamente con cuanto has hecho por el servicio de Dios. Pues un verdadero amante no sólo quiere a su amado más que a si mismo sino que en cierto sentido se olvida de si mismo en relación al único que ama.
Y esto es lo que has de aprender a hacer. Has de llegar a abominar y detestar todo lo que ocupa tu mente excepto a Dios, pues todo es un obstáculo entre él y tú. Apenas si te ha de extrañar el que llegues a odiar el pensar sobre ti mismo en vistas a tu mayor comprensión del pecado. Esta mancha fétida y detestable llamada pecado no es sino tú mismo, y aunque no lo consideres con todo detalle, ahora sabes que es parte y parcela de tu mismo ser y algo que te separa de Dios.
Rechaza, pues, el pensamiento y la experiencia de todas las cosas creadas, pero aprende más especialmente a olvidarte de ti mismo, ya que todo tu conocimiento y experiencia depende del conocimiento y sentimiento de ti mismo. Todo lo demás se olvida fácilmente en comparación con uno mismo. Comprueba si la experiencia no me da a mí la razón. Aun mucho después de haberte olvidado con éxito de las criaturas y de sus obras, te darás cuenta de que un elemental conocimiento y sentimiento de tu ser sigue permaneciendo entre ti y Dios. Créeme, no serás perfecto en el amor hasta que esto sea también destruido.
 
44
Cómo se ha de disponer la persona a fin de destruir
la conciencia elemental de concentración
en su propio ser
Me preguntas ahora cómo podrás destruir este elemental conocimiento y sentimiento de tu propio ser. Quizá tú llegas a comprender por fin que, si destruyes esto, cualquier otro obstáculo quedaría destruido. Si has llegado a entender esto, ya es mucho. Pero para responderte he de explicar que sin una gracia especial de Dios, libremente otorgada, y sin la perfecta correspondencia a esta gracia por tu parte, no puedes nunca esperar la destrucción de ese elemental conocimiento y sentimiento de tu ser. La perfecta correspondencia a esta gracia consiste en un fuerte y profundo dolor o tristeza interior.
Pero es de suma importancia modelar este dolor. Has de ser cauto para no forzar nunca de forma irreverente tu cuerpo o tu espíritu. Siéntete relajado y tranquilo pero sumergido en el dolor. El dolor del que hablo es genuino y perfecto, y bendito el hombre que lo experimente. Todo hombre tiene muchos motivos de tristeza, pero sólo entiende la razón universal y profunda de la tristeza el que experimenta que es (existe). Todo otro motivo palidece ante este. Sólo siente auténtica tristeza y dolor quien se da cuenta no sólo de lo que es sino de que es. Quien no ha sentido esto debería llorar, pues nunca ha experimentado la verdadera tristeza. Esta tristeza purifica al hombre del pecado y del castigo del pecado. Aún más, prepara su corazón a recibir aquella alegría por medio de la cual trascenderá finalmente el saber y el sentir de su ser.
Cuando esta tristeza es auténtica, está henchida del anhelo reverente de la salvación de Dios, pues de otra manera ningún hombre podría aguantarla. Si el hombre no estuviera un tanto alentado por el consuelo de la oración contemplativa, quedaría completamente aplastado por el conocimiento y sentimiento de su ser. Pues cuántas veces quiere llegar a un conocimiento y sentimiento verdaderos de Dios en pureza de su espíritu (hasta el punto que es posible en esta vida) y siente luego que no puede -pues se da cuenta constantemente de que su conocer y su sentir están como ocupados y llenos de una fétida y pestilente mancha de si mismo, que siempre ha de odiarse, despreciarse y desecharse, si se quiere ser perfecto discípulo de Dios y enseñado por él solo en el monte de la perfección-, casi se desespera por la tristeza que siente, llorando, gimiendo, retorciéndose, imprecando y reprochándose a sí mismo. Siente, en una palabra, el peso de si mismo de una manera tan trágica que ya no se cuida de si mismo con tal de poder amar a Dios.
Y sin embargo, en todo esto no desea dejar de existir, pues esto es locura del diablo y blasfemia contra Dios. De hecho, se alegra de existir y desde lo hondo de su corazón rebosante de agradecimiento da gracias a Dios por el don y el bien de su existencia. Al mismo tiempo, sin embargo, desea incesantemente verse libre del conocimiento y sentimiento de su ser.
Antes o después todos han de darse cuenta en alguna medida tanto de esta tristeza como de este anhelo de libertad. Dios, en su sabiduría, enseñará a sus amigos espirituales, según la fuerza física y moral de cada uno, a soportar esta verdad, de acuerdo con el progreso y la apertura a su gracia de cada uno. Él los instruirá poco a poco hasta que sean completamente uno en la plenitud de su amor; esa plenitud posible en la tierra con su gracia.
 
45
Una buena exposición de ciertos engaños
que pueden acechar al contemplativo
Te debo advertir que un joven novicio, sin experiencia en la contemplación, está expuesto a una gran decepción si no está constantemente alerta y no es lo suficientemente sincero para buscar un guía seguro. El peligro es que puede dar al traste con su fortaleza física y caer en aberraciones mentales por medio del orgullo, la sensualidad y una engañosa sofistería.
He aquí cómo puede insinuarse la decepción. Un joven o una joven recién iniciado en el camino de la contemplación empieza a oír hablar del deseo por el que el hombre eleva su corazón a Dios, ansiando incesantemente experimentar su amor; oye hablar también sobre la tristeza que acabo de describir. Considerándose vanamente diestro y sofisticado en la vida espiritual, no tarda en comenzar a interpretar lo que oye en términos literales y materiales, perdiendo completamente de vista el sentido espiritual más profundo. Y por eso violenta locamente sus recursos físicos y emocionales más allá de toda razón. Despreciando la inspiración de la gracia y excitado por la vanidad y la presunción, fuerza su aguante tan mórbidamente que en poco tiempo se encuentra fatigado y extenuado en cuerpo y espíritu. Después siente la necesidad de aliviar la tensión creada buscando una compensación baladí, material o física, como relajación del cuerpo y del espíritu.
Suponiendo que salga de esto, su ceguera espiritual y el abuso que inflige a su cuerpo en esta pseudocontemplación (pues difícilmente se puede llamar espiritual) le pueden llevar a fomentar sus pasiones de forma no natural o a crear en él un estado frenético. Y todo ello es el resultado de una pseudoespiritualidad y de un mal trato del cuerpo. Está instigado por su enemigo, el demonio, que se vale de su orgullo, sensualidad y presunción intelectual para engañarle.
Esta clase de personas creen, por desgracia, que la exaltación que sienten es el fuego del amor encendido en sus pechos por el Espíritu Santo. De este engaño y otros semejantes surgen males de todas clases, mucha hipocresía, herejía y error. Esta especie de pseudoexperiencia trae consigo el falso conocimiento propio de la escuela del diablo, de la misma manera que la auténtica experiencia comporta la comprensión de la verdad enseñada por Dios. Créeme cuando te digo que el diablo tiene sus contemplativos como Dios tiene los suyos.
La falsedad de las pseudoexperiencias y del falso conocimiento se da de mil maneras y situaciones según las diferentes mentalidades y disposiciones de los engañados, de la misma manera que la experiencia verdadera asume muy diferentes formas subjetivas. Pero voy a detenerme aquí. No quiero cargarte con más conocimientos de los que necesitas para hacer seguro tu camino. ¿De qué puede servirte el oír que el maligno ha engañado a grandes clérigos y en diferentes etapas de su vida? De nada, estoy seguro. Por eso, sólo describiré aquellas trampas que puedes encontrar con mas facilidad a medida que avanzas en esta obra. Te digo que puedes ser avisado de antemano y evitarías.
 
46
Una instrucción provechosa para evitar estos engaños;
que en la contemplación se ha de confiar más
en un entusiasmo gozoso que en la simple fuerza bruta
Por el amor de Dios, pues, sé cauto y no te fuerces imprudentemente en esta obra. Confía más en un alegre entusiasmo que en la simple fuerza bruta. Pues cuanto más alegremente procedas, más humilde y espiritual se hará tu contemplación. Si, por el contrario, te conduces morbosamente, los frutos resultantes serán toscos y no naturales. Por eso, sé cauto. En efecto, todo el que pretende acercarse a esta encumbrada montaña de la oración contemplativa por medio de la simple fuerza bruta, será arrojado con piedras. Sabes que las piedras son cosas ásperas y secas que hieren terriblemente cuando golpean. Sin duda que una represión morbosa dañará tu salud, pues carece del rocío de la gracia y está completamente seca. Causará, además, un gran daño a tu mente alocada, llevándola a tropezar en ilusiones diabólicas. Por eso te vuelvo a decir que evites todo impulso no natural y que aprendas a amar con alegría con una suave y dulce disposición de cuerpo y de alma. Espera con alegre y modesta finura la iniciativa del Señor y no trates de arrebatar impacientemente la gracia cual codicioso lebrel muerto de hambre.
Hablo ahora medio en broma, pero trata de dominar el agudo y espontáneo suspiro de tu espíritu e intenta ocultar el ansia de tu corazón a los ojos del Señor. Quizá desprecies esto que te digo como algo infantil y frívolo, pero créeme, quien tenga la luz para entender lo que estoy diciendo y la gracia de seguirlo, experimentará, en efecto, las delicias de los gozos del Señor. Pues como un padre que juguetea con su hijo, estrechará y besará a quien viene a él con un corazón de niño.

47
Cómo crecer hasta la perfección de la pureza
del espíritu; cómo manifiesta un contemplativo
su deseo a Dios de una manera y los hombres de otra
No te molestes si te parece que hablo infantil y alocadamente y como si careciera de sano juicio. Lo hago adrede, pues creo que el Señor me ha inspirado en los últimos días para pensar y sentir así y decir a algunos de mis otros buenos amigos lo que ahora te digo a ti.
Una razón que tengo para aconsejarte que ocultes el deseo de tu corazón de los ojos de Dios es que, cuando tú lo ocultas, más clara y realmente lo ve él. Al ocultarlo consigues tu propósito y ves tu deseo cumplido antes que por otros medios que pudieras discurrir para atraer la atención de Dios. Otra segunda razón es que quiero que vayas independizándote de tus constantes emociones y que llegues a experimentar a Dios en la pureza y profundidad de tu espíritu. Finalmente, quiero ayudarte a anudar el nudo espiritual del amor ardiente que te atará a Dios en comunión de ser y de deseo. Pues, como sabes, Dios es espíritu, y todo aquel que desea unirse a él ha de entrar en la verdad y la profundidad de una comunión espiritual que trasciende con mucho toda representación terrena.
Dios, como es obvio, lo sabe todo y nada puede quedar oculto a sus ojos, sea material o espiritual. Pero, por ser espíritu, algo que se ha introducido a fondo en el espíritu es para él más claro y evidente que lo que se mezcla con las emociones. Y por eso lo espiritual es algo connatural a él. Por esta razón creo que cuanto más enraizado está nuestro deseo en las emociones, se encuentra más alejado de Dios que si surgiera simplemente de la actitud gozosa de un espíritu puro y profundo.
Ahora ya puedes entender mejor por qué te aconsejo alegremente cubrir y ocultar tu deseo de Dios. Con ello no te estoy sugiriendo que lo ocultes totalmente, pues sería el consejo de un loco y además, una tarea imposible. Pero te ruego que eches mano de tu ingenuidad para ocultarlo a sus ojos lo mejor que puedas. ¿Por qué te digo esto? Porque quiero que lo metas en el fondo de tu espíritu, lejos del contagio de caprichosas emociones que lo hacen menos espiritual y más alejado de Dios.
Sé, además, que a medida que tu corazón vaya creciendo en pureza de espíritu, estará menos dominado por la carne y más íntimamente unido a Dios. Él te verá más claramente y tú serás una fuente de delicias para él. Su visión, por supuesto, no queda literalmente afectada por esto o por aquello, pues es inmutable. Lo que trato de decirte es que cuando tu corazón se haya transformado por la pureza de espíritu, se hará connatural a Dios, pues él es espíritu.
Tengo todavía otra razón para aconsejarte que escondas tu ansia de la mirada de Dios. Tú y yo, y muchos como nosotros, estamos muy inclinados a desfigurar la realidad espiritual y a concebirla literalmente. Quizá si yo te hubiera urgido a mostrar el deseo de tu corazón a Dios, lo hubieras demostrado físicamente con gestos, sonidos, palabras o con cualquier otra actividad ingeniosa que hubieras podido emplear para manifestar un sentimiento secreto de tu corazón a un amigo humano. Pero esto sólo convertiría tu obra de contemplación en menos simple y depurada, pues nosotros presentamos las cosas al hombre de una manera y a Dios de otra.
 
48
Que Dios desea ser servido por el hombre en cuerpo
y alma; que él glorificará a ambos; y cómo distinguir
entre goces espirituales buenos y malos
Mi intención en todo esto no es ciertamente disuadirte de que ores en voz alta cuando el Espíritu Santo te inspire hacerlo así. Y si el gozo de tu espíritu inunda tus sentidos de manera que comienzas a hablar a Dios como hablarías a un hombre cualquiera, diciendo cosas como «Jesús», «dulce Jesús», y otras parecidas, no necesitas apagar tu espíritu. Dios no permita que me entiendas mal en esta materia. Pues ciertamente no quiero apartarte de expresiones externas de amor. Dios me libre de querer separar cuerpo y espíritu, pues fue él mismo quien los hizo una unidad. En efecto, debemos honrar a Dios con toda la persona, cuerpo y espíritu juntos. Y en la eternidad él glorificará perfectamente toda nuestra persona, cuerpo y espíritu. Como primicia de su eterna gloria, Dios puede inflamar a veces los sentidos de sus fieles amigos con indecible delicia y consuelo, incluso aquí mismo, en esta vida. Y no solamente una o dos veces, sino quizá con mucha frecuencia, según juzgue más conveniente. Este goce, sin embargo, no se origina fuera de la persona entrando a través de las fuerzas de los sentidos, sino que brota de una abundancia de alegría espiritual y de verdadera devoción del espíritu. Consolación y gozo como este no ha de ser nunca puesto en duda o temido. En una palabra, creo que todo el que lo experimenta no podrá ya dudar de su autenticidad.
Pero te prevengo para que seas cauto ante otros consuelos, sonidos, alegrías o goces provenientes de fuentes externas que no puedes identificar, ya que pueden ser buenos o malos, obra de un ángel bueno o del espíritu maligno. Pero si evitas vanas especulaciones y tensiones físicas y emocionales no naturales en los caminos que yo te he enseñado (o en caminos mejores que tú puedas descubrir), importa poco que sean consuelos buenos o malos, pues no pueden hacerte mal. ¿Por qué está tu seguridad tan afianzada? Sin duda, porque la fuente de la auténtica consolación es el deseo reverente y amoroso que habita en un corazón puro. Esta es la obra del Dios todopoderoso labrada sin recurso de técnicas y por lo mismo libre de la fantasía y del error que llevan a caer a un hombre en esta vida.
Por lo que se refiere a otros consuelos, sonidos y goces, no entraré en los criterios para discernir si son buenos o malos ahora, pues no creo que sea necesario. Han sido tratados en toda su extensión en la obra de otro hombre que es muy superior a cuanto yo pudiera escribir o decir. Allí puedes encontrar cuanto he dicho y cuanto tú necesitas saber, y mucho mejor tratado. Pero ¿qué importa eso? De todos modos yo proseguiré, pues no me molesta contestar al deseo de tu corazón que busca la comprensión de la vida interior. Este deseo me lo manifestaste antes a mí con palabras y ahora lo veo claramente en tus acciones.
Diré una cosa relativa a estos sonidos y goces que percibes a través de las facultades naturales y que pueden o no ser malas. Aprende a estar continuamente ocupado en el ansia ciega reverente y gozosa del amor contemplativo como te he enseñado. Si haces esto, estoy cierto que este amor mismo te permitirá discernir sin error entre el bien y el mal. Es posible que estas experiencias puedan cogerte desprevenido al principio por ser tan poco comunes. Pero el ciego impulso del amor afirmará tu corazón y no les darás crédito hasta que reciban su aprobación desde dentro, por el Espíritu Santo, o desde fuera por la orientación de un prudente padre espiritual.
 
49
Que la esencia de toda perfección es una buena
voluntad; los consuelos sensibles no son esenciales
para la perfección en esta vida
Y así puedes apoyarte confiadamente en este limpio impulso del amor que brota de tu corazón y seguirle donde te lleve, pues es tu guía seguro en esta vida y te llevará a la gloria de la venidera. Este pequeño amor es la esencia de una buena vida y sin él nada bueno es posible. Básicamente, el amor significa una radical y personal entrega a Dios. Esto supone que tu voluntad está armoniosamente sintonizada a la suya en una permanente alegría y entusiasmo por cuanto él hace.
Una buena voluntad como esta es la esencia de la más alta perfección. El goce y consolaciones del espíritu y del sentido, por sublimes que sean, son meramente accidentales en comparación con ella y de ella dependen totalmente. Digo que son accidentales, porque importa poco el que una persona las experimente o no. Son contingentes a la vida en la tierra, pero en la eternidad serán elementos esenciales de la gloria final del hombre, tan pronto como su cuerpo (que las siente ahora) se una real y esencialmente para siempre con su espíritu. Pero en la tierra el meollo de toda consolación es la realidad íntima de una buena voluntad.
Estoy seguro, además, de que la persona que ha madurado en la perfección de su voluntad (al menos en lo que le es posible en esta vida) no experimenta delicia o consolación a la que no pudiera renunciar voluntaria y gozosamente si Dios quisiera.


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martes, 29 de enero de 2013

35,36,37,38,39

De la «lectura», el «pensamiento» y la «oración»,
tres hábitos que ha de desarrollar el principiante
en la contemplación
No obstante, todo aquel que aspira a la contemplación ha de cultivar el Estudio, la Reflexión y la Oración, o dicho de otra manera, la lectura, el pensamiento y la oración. Otros han escrito sobre estas disciplinas con más detenimiento de lo que yo puedo hacer aquí, por eso no hay necesidad de que trate de ellas ahora en detalle. Pero diré esto a los que puedan leer este libro, tanto principiantes como un poco avanzados (aunque no a los muy expertos en la contemplación): estas tres cosas son tan interdependientes que es imposible pensar sin primero leer o -lo que es lo mismo- haber oído leer a otros. Pues la lectura y la audición son realmente una misma cosa; los sacerdotes aprenden leyendo libros y los no letrados aprenden de los sacerdotes que predican la palabra de Dios. Los principiantes y los poco avanzados que no se esfuerzan por meditar la palabra de Dios no deberían sorprenderse si son incapaces de orar. La experiencia confirma esto.
La palabra de Dios, hablada o escrita, es como un espejo. La razón es tu ojo espiritual, y la conciencia tu semblante espiritual. Y así como empleas un espejo para detectar un defecto en tu persona -y sin un espejo o alguien que te diga dónde está la mota no podrías descubrirla-, de la misma manera, en el orden espiritual, sin la lectura o la audición de la palabra de Dios, el hombre, ciego espiritualmente a causa de su pecado habitual, es incapaz de ver la mancha en su conciencia.
Cuando una persona descubre en el espejo -o se entera por otra- que su cara está sucia, va inmediatamente a la fuente y se lava. De la misma manera, cuando un hombre de buena voluntad se ve a si mismo reflejado por las Escrituras o por la predicación de otros y se da cuenta de que su conciencia está manchada, corre inmediatamente a limpiarse. Si es una mala obra particular la que descubre, entonces la fuente que ha de buscar es la Iglesia y el agua que ha de aplicarse es la Confesión según la costumbre de la Iglesia. Pero si es la raíz ciega y la tendencia al pecado lo que ve, entonces la fuente que debe buscar es el Dios de toda misericordia y el agua que ha de emplear es la oración con todo lo que esto supone.
Por eso quiero que entiendas con claridad que para los principiantes y los poco avanzados en la contemplación, la lectura o la escucha ponderada de la palabra de Dios ha de ser lo primero, ya que sin un tiempo consagrado a la reflexión seria no puede haber oración genuina.
 
36
Del modo de meditar propio de los contemplativos
Los que, sin embargo, están continuamente ocupados en la contemplación, experimentan todo esto de modo diferente. Su meditación se parece más a una intuición repentina o a una oscura certeza. Intuitiva y repentinamente se darán cuenta de sus pecados o de la bondad de Dios, pero sin haber hecho ningún esfuerzo consciente para comprender esto por medio de la lectura u otros medios. Una intuición como esta es más divina que humana en su origen.
De hecho, en este punto no me importa que dejes de meditar tanto en tu naturaleza caída como en la bondad de Dios. Supongo, naturalmente, que estás movido por la gracia y que has pedido consejo para dejar atrás estas prácticas. Pues entonces basta con centrar tu atención en una simple palabra tal como pecado o Dios (u otra que prefieras), y sin la intervención del pensamiento analítico puedes permitirte experimentar directamente la realidad que significa. No emplees la inteligencia lógica para examinar o explicarte esta palabra, ni consientas ponderar sus diferentes sentidos, como si todo ello te permitiera incrementar tu amor. No creo que el razonamiento ayude nunca en la contemplación. Por eso te aconsejo que dejes estas palabras tal cual, como un conjunto, por así decirlo.
Cuando pienses en el pecado, no te refieras a ninguno en particular; sino sólo a ti mismo, y tampoco a nada particular en ti mismo. Creo que esta oscura conciencia global del pecado (refiriéndote sólo a ti mismo, pero de una manera indefinida, como a conjunto) puede incitarte a la furia de un animal salvaje enjaulado. Cualquiera que te observe, sin embargo, no notará ningún cambio en tu expresión y supondrá que estás perfectamente tranquilo y en orden. Sentado, caminando, echado, descansando, de pie o de rodillas aparecerás completamente relajado y en paz. 

37
De la oración personal propia de los contemplativos
El experto contemplativo, pues, no depende del razonamiento discursivo del mismo modo que los principiantes y los poco avanzados. Sus conocimientos surgen espontáneamente sin la ayuda del proceso intelectual, como intuiciones directas de la verdad. Algo similar puede decirse también de su oración. Hablo de su oración personal, no del culto litúrgico de la Iglesia, aunque no quiero dar a entender que se desprecia la oración litúrgica. Por el contrario, el verdadero contemplativo tiene la más alta estima de la liturgia y es cuidadoso y exacto en su celebración, siguiendo la tradición de nuestros padres. Pero estoy hablando ahora de la oración privada y personal del contemplativo. Esta, lo mismo que su meditación, es totalmente espontánea y no depende de métodos específicos de preparación.
Los contemplativos raras veces oran con palabras, y si lo hacen, son pocas. En realidad, cuanto menos mejor. Y además una palabra monosílaba es más adecuada a la naturaleza espiritual de esta obra que las largas. Pues desde ahora el contemplativo se ha de mantener continuamente presente en el más profundo e intimo centro del alma.
Déjame ilustrar lo que digo con un ejemplo tomado de la vida real. Si un hombre o mujer, aterrorizado por un repentino desastre, toca el límite de sus posibilidades personales, concentra toda su energía en un gran grito de auxilio. En circunstancias extremas como esta, una persona no se entrega a muchas palabras, ni siquiera a las más largas. Por el contrario, reuniendo toda su fuerza, expresa su desesperada necesidad en un grito agudo: «¡Socorro!". Y con esta exclamación suscita efectivamente la atención y la asistencia de los demás.
De manera semejante, podemos entender la eficacia de una palabrita interior, que no llega a pronunciarse o pensarse, pero que surge desde lo hondo del espíritu de un hombre y que es la expresión de todo su ser. (Por lo hondo o profundidad entiendo lo mismo que altura, pues, en el ámbito del espíritu, altura y profundidad, largura y anchura, es lo mismo). Por eso esta simple oración que prorrumpe desde lo hondo de tu espíritu mueve el corazón de Dios todopoderoso con más seguridad que un largo salmo recitado mecánicamente en voz baja.
Este es el significado de aquel dicho de la Escritura: «Una breve oración penetra los cielos».
 
38
Cómo y por qué una breve oración penetra los cielos
¿Por qué supones que esta breve oración es tan poderosa como para penetrar los cielos? Sin duda, porque es la oración de todo el ser del hombre. Un hombre que ora como este, ora con toda la altura y profundidad, la largura y la anchura de su espíritu. Su oración es alta porque ora con todas las fuerzas de su espíritu; es profunda, porque ha reunido todo su pensamiento y comprensión en esta palabrita; es larga, porque si este sentimiento pudiera durar estaría gritando siempre como lo hace ahora; es ancha, porque con preocupación universal desea para todos lo que desea para si mismo.
Con esta oración la persona llega a comprender con todos los santos la largura y la anchura, la altura y la profundidad del Dios eterno, misericordioso, omnipotente y omnisciente, como dice san Pablo. No totalmente, por supuesto, sino parcialmente y de esa manera oscura, característica del conocimiento contemplativo. La largura habla de la eternidad de Dios, la anchura de su amor, la altura de su poder y la hondura de su sabiduría. No ha de extrañarnos, pues, que cuando la gracia transforma de esta manera a una persona a imagen y semejanza de Dios, su creador, su oración sea oída tan rápidamente. Y estoy seguro de que Dios oirá y ayudará siempre a todo hombre que ore como este; sí, aun cuando sea pecador y, por así decirlo, enemigo de Dios. Pero si su gracia le mueve a lanzar este angustiado grito desde la profundidad y la altura, la largura y la anchura de su ser, Dios le escuchará.
Dé jame ilustrar lo que estoy diciendo con otro ejemplo. Imagínate que en medio de la noche oyes gritar a tu peor enemigo con todo su ser «¡Socorro!» o «¡Fuego!». Aun cuando este hombre fuera tu enemigo, ¿no te moverías de compasión por la agonía de ese grito y te lanzarías a ayudarle? Si, por supuesto que lo harías. Y aunque estuvieras en lo más crudo del invierno te apresurarías a apagar el fuego o a calmar su angustia. ¡Dios mío! Si la gracia puede transformar de tal manera a un hombre hasta el punto de poder olvidar el odio y tener tal compasión por su enemigo, ¿qué no deberemos esperar de Dios cuando oiga gritar a una persona desde lo más alto y más bajo, desde lo largo y ancho de su ser? Pues Dios es por naturaleza la plenitud de cuanto nosotros somos por participación. La misericordia de Dios pertenece a la esencia de su ser; por eso decimos que es todo misericordia. Con toda seguridad, pues, podemos esperar confiadamente en él.
 
39
Cómo ora el contemplativo avanzado;
qué es la oración; y qué palabras son las más
adecuadas a la naturaleza de la oración contemplativa
Hemos de orar, pues, con toda la intensidad de nuestro ser en su altura y profundidad, en su largura y anchura. Y no con muchas palabras sino con una palabrita.
Pero ¿qué palabra emplearemos? Ciertamente, la palabra más apropiada es aquella que refleja la naturaleza de la oración misma. ¿Y qué palabra es esa? Bueno, tratemos primero de determinar la naturaleza de la oración y luego quizá estemos en mejores condiciones de decidir.
En si misma, la oración es simplemente una apertura reverente y consciente a Dios, llena del deseo de crecer en bondad y de superar el mal. Y ya sabemos que todo mal, sea por instigación o por obra, se resume en una palabra: «pecado». Por eso, cuando deseamos ardientemente orar para la destrucción del mal no debemos decir, pensar y significar otra cosa que esta palabra: «pecado». No se necesitan otras palabras. Y cuando queramos pedir la bondad, que todo nuestro pensamiento y deseo esté contenido en esta pequeña palabra: «Dios». No se necesita nada más, ni otras palabras, pues Dios es el compendio de todo bien. Él es la fuente de todo bien, pues constituye su verdadero ser.
No te sorprendas de que ponga estas palabras por encima de todas las demás. Si supieras que hay otras palabras más pequeñas y que expresaran tan adecuadamente todo lo que es bueno y malo, o que Dios me hubiere enseñado otras, ciertamente las usaría. Y te aconsejo que tú hagas lo mismo. No te turbes investigando la naturaleza de las palabras, de lo contrario nunca te pondrás a la tarea de aprender a ser contemplativo. Te aseguro que la contemplación no es fruto de estudio sino un don de la gracia.
Aun cuando he recomendado estas dos palabritas, no tienes por qué hacerlas tuyas si la gracia no te indina a elegirías. Pero si por la atracción de la gracia de Dios encuentras que tienen significado, entonces fíjalas por todos los medios en tu mente siempre que te sientas arrastrado a orar con palabras, porque son cortas y simples. Si no te sientes inclinado a orar con palabras, entonces olvídate también de estas.
Creo que encontrarás que la simplicidad en la oración, que tan vivamente te he recomendado, no impedirá su frecuencia, porque, como expliqué arriba, esta oración se hace en la largura del espíritu, lo que significa que es incesante, hasta que recibe respuesta. Nuestra ilustración confirma esto. Cuando una persona está aterrorizada y en gran zozobra, se encontrará gritando «¡Socorro!» o «¡Fuego!», hasta que alguien oiga su grito y acuda en su auxilio.


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lunes, 28 de enero de 2013

34


Que Dios da el don de la contemplaci´on libremente y sin recurrir
a m´etodos; los m´etodos solos nunca pueden suscitarla



Si me preguntas ahora c´omo se ha de proceder para realizar la obra contemplativa del amor, me pones en un aprieto. Todo lo que puedo decir es
que pido a Dios todopoderoso que en su gran bondad y dulzura te ense˜ne El
´
mismo. Pues debo admitir con toda honradez que yo no lo s´e. Y no te has de
extra˜nar, pues es una actividad divina y Dios puede realizarla en cualquiera
que elija. Nadie puede merecerla. Por parad´ojico que pueda parecer, ni siquiera puede ocurr´ırsele a persona alguna -no, ni a un ´angel ni a un santoel desear el amor de contemplaci´on en caso de que no estuviera ya vivo en
´el. Creo tambi´en que, con frecuencia, llama el Se˜nor deliberadamente a trabajar en esta obra a los que han sido pecadores habituales con preferencia a
aquellos que, en comparaci´on, nunca le ofendieron gravemente. S´ı, parece que
lo hace con mucha frecuencia. Pues pienso que quiere hacernos comprender
que es todo misericordia y poder, y que es perfectamente libre para obrar
como, donde y cuando le plazca. No da, sin embargo, su gracia ni realiza
esta obra en una persona que no tenga aptitud para ella. Pero una persona
que no tiene capacidad de recibir su gracia no la alcanzar´a tampoco a trav´es
de sus propios esfuerzos. Nadie, ni pecador ni inocente, puede conseguirla.
Pues esta gracia es un don, y no se da a la inocencia ni es negada al pecado.
Advierte que digo negada, no retirada.
59Cuidado con el error aqu´ı, te lo suplico. Recuerda que cuanto m´as cerca
est´a el hombre de la verdad, m´as sensible ha de ser al error. La advertencia
que hago es correcta, pero si ahora no puedes captarla, d´ejala a hasta que Dios
te ayude a entenderla. Haz como te digo y no te devanes los sesos. ¡Alerta
con el orgullo! Es una blasfemia contra Dios en sus dones y hace al pecador temerario. Si fueras realmente humilde entender´ıas lo que intento decir.
La oraci´on contemplativa es don de Dios, totalmente gratuito. Nadie puede
merecerlo. Corresponde a la naturaleza de este don el que, quien lo recibe,
reciba tambi´en la aptitud correspondiente. Nadie puede tener la aptitud sin
el don mismo. La aptitud para esta obra se identifica con la obra misma; son
id´enticas. Quien experimenta la acci´on de Dios en lo hondo de su esp´ıritu
tiene la aptitud para la contemplaci´on y no otra cosa. Sin la gracia de Dios
una persona ser´ıa tan insensible a la realidad de la oraci´on contemplativa que
seria incapaz de desearla o buscarla. La posees en la medida en que deseas
poseerla, ni m´as ni menos. Pero nunca deseas poseerla hasta que aquel que
es inefable e incognoscible te mueve a desear lo inefable e incognoscible. No
seas curioso por saber m´as, te lo suplico. S´e constantemente fiel a esta obra
hasta que llegue a ser toda tu vida.
Para expresarlo de una manera m´as simple, deja que la gracia misteriosa act´ue en tu esp´ıritu como quiera y s´ıguela donde te lleve. Que ella sea
el agente activo y t´u el receptor pasivo. No te interfieras con ella (como si
te fuera posible aumentar la gracia), m´as bien d´ejala actuar, no sea que la
estropees totalmente. Tu parte es la de la madera con respecto al carpintero
o la casa en relaci´on al que la habita. Permanece ciego durante este tiempo desechando todo deseo de conocer, ya que el conocimiento es aqu´ı un
obst´aculo. Cont´entate con sentir c´omo se despierta suavemente en lo hondo
de tu esp´ıritu esta gracia misteriosa. Olv´ıdate de todo excepto de Dios y fija
en El tu puro deseo, tu anhelo despojado de todo inter´es propio
´
. Si esto de
que hablo forma parte de tu experiencia, entonces ll´enate de confianza por

que realmente es Dios, y El solo, quien despierta tu voluntad y deseo.
´ El no
´
necesita t´ecnicas ni tu asistencia. No tengas miedo del maligno, pues ´el no se
atreve a acercarse a ti. Por astuto que sea, es incapaz de violar el santuario
interior de tu voluntad, si bien algunas veces puede atentarlo por medios
indirectos. Ni siquiera un ´angel puede tocar directamente tu voluntad. S´olo
Dios puede entrar aqu´ı.
Estoy tratando de aclarar con palabras lo que la experiencia ense˜na m´as
convenientemente: que las t´ecnicas y m´etodos son en ´ultima instancia in´utiles
para despertar el amor contemplativo.
Es in´util venir a esta actividad armado con ellos. Pues todos los buenos
m´etodos y medios dependen de El, mientras que
´ El no depende de nada

domingo, 27 de enero de 2013

33


Que la persona se purifica de sus pecados particulares y de sus
consecuencias por medio de la contemplaci´on; sin embargo, nunca
llega a la seguridad perfecta en esta vida
No entrar´e ahora directamente en otras t´ecnicas. Si dominas estas, creo
que estar´as m´as capacitado para ense˜narme a mi que yo a ti. Pues, a pesar
de que todo lo que te he dicho es cierto, estoy muy lejos de ser un experto
en ellas. Por eso espero sinceramente que me puedas ayudar progresando
t´u mismo en ellas.
Te animo a que te mantengas durante alg´un tiempo en esta tarea y si
no puedes dominar inmediatamente estas t´ecnicas, aguanta pacientemente el
sufrimiento de las distracciones. Pero tu sufrimiento pasar´a y Dios comenzar´a a ense˜narte sus propios m´etodos por medio de su gracia y a trav´es de
la experiencia. Entonces sabr´e que has sido purificado del pecado y de sus

efectos; de los efectos de tus propios pecados personales, es decir, no de los
del pecado original. Pues las secuelas del pecado original te asediar´an hasta
la tumba, a pesar de tus esfuerzos. No te molestar´an tanto, sin embargo,
como los efectos de tus pecados personales. Has de comprender, no obstante,
que en esta vida no podr´as vivir sin gran angustia. Por lo que respecta al pecado original, cada d´ıa te traer´a alguna nueva tentaci´on al mal que habr´as de
derribar y cercenar con la vehemente espada de doble filo del discernimiento.
La experiencia te ense˜nar´a que en esta vida no hay absoluta seguridad ni paz
duradera.
Pero no cedas nunca ni te pongas demasiado nervioso por la posible ca´ıda.
Pues si tienes la gracia de dominar los efectos de tus pecados personales con la
ayuda de los recursos que he descrito (o si puedes con otras formas mejores),
conf´ıa en que los efectos del pecado original y dem´as tentaciones que puedan
derivarse de ellos apenas habr´an de impedir tu crecimiento


32


De dos recursos espirituales que pueden aprovechar a los
principiantes en la contemplaci´on
Te hablar´e tambi´en un poco sobre dos t´ecnicas para dominar las distracciones. Pru´ebalas y mej´oralas si puedes.
57Cuando te sientas molestado por pensamientos impertinentes, trata de
no enterarte de su presencia ni de c´omo se han colado entre ti y tu Dios.
Mira m´as all´a de ellos -por encima de sus hombros, como si dij´eramos- como
si estuvieras contemplando algo distinto, como as´ı es en verdad. Pues m´as
all´a de ellos est´a oculto Dios en la oscura nube del no-saber. Haz esto y estate
seguro de que pronto te sentir´as aliviado de la angustia que te producen. Te
puedo garantizar la ortodoxia de esta t´ecnica, porque en realidad significa un
anhelo hacia Dios, un ansia de verlo y gustarlo en cuanto es posible en esta
vida. Y un deseo como este ya es amor, que siempre trae paz.
Existe otra estrategia que deber´ıas intentar tambi´en. Cuando te sientas
totalmente exhausto de luchar contra tus pensamientos, dite a ti mismo: ✭✭Es
in´util luchar m´as con ellos✮✮, y despu´es r´ındete a sus pies como un cobarde o
cautivo. Pues, al hacer esto, te encomiendas a Dios en medio de tus enemigos
y admites la radical impotencia de tu naturaleza. Te aconsejo que recuerdes
esta estratagema particular, pues al emplearla te haces completamente d´ocil
en las manos de Dios. Y ciertamente, cuando esta actitud es aut´entica, equivale a un autoconocimiento, ya que te ves a ti mismo como realmente eres,
una miserable y corrompida criatura, menos que nada sin Dios. Es, en realidad, una humildad experiencial. Cuando Dios te ve apoyado s´olo en esta  verdad, no puede menos que apresurarse a ayudarte desquit´andose en tus
enemigos. Luego como padre que corre a rescatar a su hijo peque˜no de las
mand´ıbulas del jabal´ı o de los osos salvajes, te coger´a y te estrechar´a en sus
brazos, enjugando tiernamente tus l´agrimas espirituales.

29 , 30 , 31


Que el hombre ha de perseverar pacientemente en la obra de
contemplaci´on, soportando alegremente sus sufrimientos y sin
juzgar a nadie


Quien desee recuperar la pureza del coraz´on perdida por el pecado y conseguir esa integridad personal que est´a por encima de todo sufrimiento, ha
de luchar pacientemente en la actividad contemplativa y mantenerse en el
tajo, haya sido pecador habitual o no. Pecadores e inocentes sufrir´an en esta
tarea, aunque obviamente los pecadores sentir´an m´as el sufrimiento. Sucede,
sin embargo, con frecuencia, que muchos que han sido grandes y habituales
pecadores llegan antes a la perfecci´on de ella que aquellos que nunca han pecado gravemente. Dios es verdaderamente maravilloso al derramar su gracia
en aquellos que elige; el mundo se queda abrumado, aturdido, ante un amor
como este.
Y creo que el d´ıa del juicio final ser´a realmente glorioso, pues la bondad
de Dios brillar´a claramente en todos sus dones de gracia. Algunos de los
que ahora son menospreciados y despreciables (y que quiz´a son pecadores
inveterados) reinar´an aquel d´ıa gloriosamente con sus santos. Y quiz´a algunos
de los que nunca han pecado gravemente y que ante los dem´as aparecen como
personas piadosas, venerados como buenos por otras personas, se encontrar´an
en la miseria entre los condenados.
Lo que quiero resaltar es que en esta vida ning´un hombre puede juzgar a
otro como bueno o malo por la simple evidencia de sus obras. Las obras en
si mismas son otra cuesti´on. Podemos juzgarlas como buenas o malas, pero
no a la persona.
30
Qui´en tiene el derecho de juzgar y censurar las faltas de los dem´as
Pero, podemos preguntar, ¿hay alguien que pueda juzgar la vida de otro
hombre?

Si, naturalmente, el que tiene la autoridad y la responsabilidad del bien
espiritual de los dem´as puede con todo derecho censurar las obras de los

hombres. Un hombre puede recibir oficialmente este poder por medio de un
decreto y la ordenaci´on de la Iglesia, o es posible que el Esp´ıritu Santo pueda
inspirar a un individuo particular bien fundado en el amor el asumir este
oficio. Pero que cada uno est´e muy atento a no arrogarse a s´ı mismo el deber
de censurar las faltas de los dem´as, porque est´a expuesto a un gran error.
Otra cuesti´on es si en la contemplaci´on un hombre realmente es inspirado a
hablar.
Por eso te advierto que lo pienses dos veces antes de emitir un juicio
sobre la vida de los dem´as hombres. En la intimidad de tu propia conciencia
j´uzgate a ti mismo como te ves delante de Dios o ante tu padre espiritual,
pero no te metas en la vida de los dem´as.
31
C´omo han de conducirse los principiantes en la contemplaci´on con
respecto a sus pensamientos e inclinaciones al pecado


Cuando creas que has hecho lo que has podido para enmendar tu vida de
acuerdo con las leyes de la Iglesia, entr´egate apasionadamente a la actividad
contemplativa. Y si el recuerdo de tus pecados pasados o la a tentaci´on de
cometer otros nuevos rondara tu mente, formando un obst´aculo entre ti y tu
Dios, apl´astalos con tus pies y pasa con decisi´on por encima de ellos. Intenta
sepultar el pensamiento de estas obras bajo la espesa nube del olvido como si
t´u o cualquier otro nunca las hubiera realizado. En una palabra: tan pronto
como surjan estos pensamientos, habr´as de rechazarlos. Si llegares a sentirte
duramente fatigado probablemente comenzar´as a investigar las t´ecnicas, los
m´etodos y las secretas sutilezas de las ciencias ocultas para que te ayuden
a controlarlos. Pero, cr´eeme, las t´ecnicas para controlar tus pensamientos se
aprenden mejor de Dios a trav´es de la experiencia que de cualquier hombre
en esta vida.

sábado, 26 de enero de 2013

20-28

Que de un modo espiritual Dios todopoderoso
defenderá a todos los que por su amor no abandonen
su contemplación para defenderse a sí mismos
Pienso que los que se esfuerzan por ser contemplativos no sólo deberían perdonar a todos los que se quejan de ellos, sino que han de estar tan ocupados en su propio trabajo que ni siquiera se den cuenta de lo que se dice o se hace a su alrededor. Es lo que hizo María Magdalena, y por eso es nuestro modelo. Si seguimos su ejemplo, Jesús hará ciertamente por nosotros lo que hizo por ella.
¿Y qué fue lo que hizo? Recordarás que Marta urgía a Jesús a que reprendiese a María; a que le dijera que se levantara y la ayudara en la faena. Pero nuestro Señor Jesucristo, que discernía los pensamientos secretos de todos los corazones, comprendió perfectamente que María estaba inmersa en una contemplación amorosa de su divinidad, y por eso se puso de su parte. Con una cortés delicadeza propia de su bondad, contestó por ella ya que su amor por él no le permitía dejarle el tiempo suficiente para contestarle por si misma. ¿Y qué le dijo? Marta había apelado a él como a juez, pero él le contestó más que como juez. Habló como defensor legal de María puesto que esta le amaba tanto. «Marta, Marta», le dijo. La llamó dos veces por su nombre para cerciorarse de que le escuchaba y se detuvo lo suficiente para que prestara atención a lo que le iba a decir: «Te ocupas y te turbas por muchas cosas». Esto indica que las personas activas están siempre ocupadas e interesadas por un sinfín de asuntos relativos primeramente a si mismas y después a sus hermanos cristianos según lo exige el amor. Quería que Marta se diera cuenta de que su obra era importante y valiosa para su desarrollo espiritual. Añadió, sin embargo, para que no concluyera que era la mejor obra posible: «Una sola cosa es necesaria». ¿Y qué crees que es esta sola cosa? Se refería, sin duda, a la obra del amor y de la alabanza de Dios por si mismo. No hay obra mayor. Quería, finalmente, que Marta comprendiera que no es posible dedicarse enteramente a esta obra y a la acción al mismo tiempo. Las preocupaciones de cada día y la vida contemplativa no pueden combinarse adecuadamente aunque puedan unirse de una forma incompleta. Para aclarar esto, añadió: «María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada». Pues la obra del perfecto amor que comienza aquí en la tierra es la misma que el amor que es vida eterna; son una sola cosa.
 
21
Una verdadera explicación del pasaje evangélico:
«María ha elegido la mejor parte»
«María ha elegido la mejor parte». ¿Qué significa esto? Siempre que hablamos de lo mejor, suponemos algo bueno y algo mejor. Lo mejor es el grado superlativo. ¿Cuáles son, pues, las opciones de las que María eligió la mejor? No hay tres formas de vida puesto que la santa Iglesia sólo habla de dos: la activa y la contemplativa. No, el significado más profundo del relato evangélico de san Lucas que acabamos de considerar es que Marta representa la vida activa y María la contemplativa, siendo la primera absolutamente necesaria para la salvación. Por eso, cuando se impone una opción entre dos, una de ellas no puede llamarse la mejor.
Con todo, aunque la vida activa y contemplativa son dos formas de vida dentro de la santa Iglesia, sin embargo, dentro de ellas tomadas en conjunto, hay tres partes, tres grados ascendentes. Ya hemos hablado de ellos, pero los resumiré aquí brevemente. El primer grado o escalón es la buena y recta vida cristiana en la que el amor es predominantemente activo en las obras corporales de misericordia. En el segundo, una persona comienza a meditar en las verdades espirituales relativas a sus propios pecados, a la Pasión de Cristo y a los goces de la eternidad. La primera forma de vida es buena, pero la segunda es mejor, pues aquí comienzan a converger la vida activa y la contemplativa. Se mezclan en una especie de parentesco, llegando a ser hermanas, como Marta y María. Tanto es así que una persona activa no puede progresar en la contemplación, excepto en intervenciones ocasionales de una gracia especial. Y un contemplativo puede volver a medio camino -pero no más lejos- para emprender alguna actividad. No lo debería hacer, sin embargo, a no ser en raras ocasiones y por exigencia de una gran necesidad.
En el tercer grado o escalón una persona entra en la oscura nube del no-saber donde en secreto y sola centra todo su amor en Dios. El primer grado es bueno; el segundo, mejor, pero el tercero es el mejor. Esta es la mejor parte correspondiente a María. Ahora resulta claro por qué nuestro Señor no dijo a Marta: «María ha elegido la vida mejor». Sólo hay dos modos de vida y, como dije, cuando una elección es sólo entre dos, una no puede llamarse la mejor. Pero nuestro Señor dice: «María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada».
Las partes primera y segunda son buenas y santas pero desaparecerán con el paso de esta vida mortal. Pues en la eternidad no habrá necesidad de obras de misericordia como la hay ahora. La gente no tendrá hambre ni sed, ni morirá de frío o de enfermedad, sin hogar o cautiva. Nadie necesitará una sepultura cristiana, pues no morirá nadie. En el cielo ya no habrá que lamentarse por nuestros pecados o por la Pasión de Cristo. Por eso, si la gracia te llama a elegir la tercera parte, elígela con María. Q, más bien, déjame que te muestre el camino. Si Dios te llama a la tercera parte, trata de alcanzarla; trabaja por conseguirla con todo tu corazón. Nunca se te quitará, pues no tendrá fin. Aunque comienza en la tierra, es eterna.
Replicaré con las palabras del Señor a las personas activas que se quejan de nosotros. Que hable él por nosotros como lo hizo por María cuando dijo: «Marta, Marta». Dice: «Oíd, todos los que vivís la vida activa: sed diligentes en las obras de la primera y segunda parte, trabajando ora en una, ora en otra. Y si os sentís inclinados, acometed intrépidamente las dos. Pero no os metáis con mis amigos contemplativos, pues no entendéis lo que les aflige. No les recriminéis el ocio de la tercera y mejor parte que es la de María»
 
22
Del maravilloso amor que Cristo
tuvo por María Magdalena, que representa
a todos los pecadores verdaderamente arrepentidos
y llamados a la contemplación
Dulce fue el amor entre María y Jesús. ¡Cómo le amaba! ¡Y cuánto más la amaba él! No tomes el relato evangélico a la ligera como si fuera un cuento superficial. Describe su mutua relación con toda verdad. Al leerlo, ¿quién no ve que ella le amaba intensamente, sin reservarse nada de su amor y rechazando a cambio toda comodidad que no fuera la de su amor? Es la misma María que le buscó llorando ante la tumba aquella primera mañana de Pascua. Los ángeles le hablaron entonces suavemente: «No llores, María», le dijeron. «Pues el Señor a quien buscas ha resucitado, como dijo. Va delante de vosotros a Galilea. Allí le veréis con sus discípulos, como os prometió». Pero los mismos ángeles fueron incapaces de tranquilizarla o de detener sus lágrimas. Difícilmente podían los ángeles confortar a quien había salido al encuentro del Rey de los ángeles.
¿Debo continuar? Sin duda, cualquiera que estudie la Escritura encontrará muchos ejemplos del amor total de María hacia Cristo registrados allí para nuestro provecho. Ellos confirmarán lo que vengo diciendo. De hecho, podría pensarse que fueron escritos especialmente para los contemplativos. Y así lo fueron para todo aquel que tenga el suficiente discernimiento para ver. Cualquiera que reconozca en el amor hermoso y personal de nuestro Señor hacia María Magdalena el amor maravilloso e incomparable que tiene por todos los pecadores arrepentidos y dedicados sinceramente a la contemplación, habrá de reconocer por qué no pudo tolerar que ninguno -ni siquiera su hermana- hablara contra ella sin salir él mismo en su defensa. Si, y todavía hizo más. Pues en otra ocasión increpó a su huésped, Simón el Leproso, en su misma casa, por el simple hecho de haber pensado mal de ella. Grande en verdad fue su amor; ciertamente no fue superado.
 
23
Que en el camino espiritual Dios contestará
por y cuidará de todos aquellos que no abandonan
su contemplación para responder por
y cuidarse de sí mismos
Te aseguro que si con la gracia de Dios y un consejo fiable nos esforzamos con toda el alma en modelar nuestro amor y nuestra vida a imagen de los de María.
Magdalena, nuestro Señor nos defenderá como la defendió a ella. Todo el que piense o hable contra nosotros sentirá el reproche del Señor en lo secreto de su conciencia. Esto no quiere decir que no tendremos nada que aguantar. Tendremos que sufrir mucho, como María. Pero digo que si no prestamos atención a ello y proseguimos pacíficamente nuestra obra contemplativa a pesar de las criticas, como ella lo hizo, nuestro Señor reprenderá a los que nos hieren en lo profundo de sus corazones. Si son personas sinceras y abiertas, no dudarán en sentirse avergonzadas de sus pensamientos y palabras en pocos días.
Y así como él vendrá en nuestra ayuda espiritual, de la misma manera incitará a otros a procurarnos comida y vestido y satisfará las necesidades de la vida cuando vea que no dejamos la obra del amor para atender a tales cosas por nosotros mismos. Digo esto especialmente para refutar a los que erróneamente sostienen que nadie se puede dedicar a la vida contemplativa sin haber provisto antes a todas sus necesidades materiales. Dicen: «Dios envía la vaca, pero no por el cuerno». Pero interpretan falsamente a Dios y ellos lo saben. Pues Dios nunca defrauda a los que verdaderamente abandonan los intereses mundanos para dedicarse a él. Puedes estar cierto de esto: él proporcionará una de las dos cosas a sus amigos. Q recibirán en abundancia todo lo que necesiten, o les dará aguante físico y un corazón paciente para soportar la necesidad. ¿Qué más da que haga lo uno o lo otro? Le es todo lo mismo al verdadero contemplativo. Todo el que pone en duda esto, demuestra que el maligno ha robado la fe de su corazón o que todavía no está tan totalmente entregado a Dios como debiera, a pesar de ingeniosas y estudiadas apariencias en contrario.
Vuelvo a repetir una vez más a todo aquel que quiera ser un auténtico contemplativo como María: deja que sea la maravillosa trascendencia y bondad de Dios la que te enseñe la humildad, mejor que el pensamiento de tus propios pecados, pues entonces tu humildad será perfecta. Atiende más a la soberanía absoluta de Dios que a tu propia miseria. Y recuerda que los que son perfectamente humildes no carecerán de nada de cuanto necesitan, sea en el orden espiritual o material. Dios les pertenece y él es su todo. Quien posee a Dios, como atestigua este libro, no necesita otra cosa en esta vida.

24
Qué sea la caridad en sí misma;
y cómo se contiene sutil y perfectamente
en el amor contemplativo
Hemos visto que la perfecta humildad es una parte integral del puro y ciego amor del contemplativo. Siendo todo él impulso hacia Dios, este simple amor golpea incesantemente sobre la oscura nube del no-saber, dejando todo pensamiento discursivo bajo la nube del olvido. Y así como el amor contemplativo fomenta la perfecta humildad, de la misma manera crea la bondad práctica, especialmente la caridad. Pues en la caridad verdadera uno ama a Dios por si mismo, por encima de todo lo creado, y ama a su hermano el hombre por que esta es la ley de Dios. En la obra contemplativa, Dios es amado por encima de toda criatura pura y simplemente por él mismo. En realidad, el verdadero secreto de esta obra no es otra cosa que un puro impulso hacia Dios por ser él quien es.
Lo llamo puro impulso porque es totalmente desinteresado. En esta obra el perfecto artesano no busca el medro personal o verse exento del sufrimiento. Desea sólo a Dios y a él solo. Está tan fascinado por el Dios que ama y tan preocupado porque se haga su voluntad en la tierra, que ni se da cuenta ni se preocupa de su propia comodidad o ansiedad. Y esto porque, a mi juicio, en esta obra Dios es realmente amado perfectamente y por ser él quien es. Pues un verdadero contemplativo no debe compartir con ninguna otra creatura el amor que debe a Dios.
En la contemplación, además, también se cumple totalmente el segundo mandamiento de la caridad. Los frutos de la contemplación son testigos de esto aun cuando durante el tiempo real de la oración el contemplativo avezado no dirija su mirada a ninguna persona en particular, sea hermano o extraño, amigo o enemigo. En realidad, ningún hombre le es extraño, porque considera a cada uno como hermano. Y nadie es su enemigo. Todos son sus amigos. Incluso aquellos que le hieren o le ofenden en la vida diaria son tan queridos para él como sus mejores amigos y todos los buenos deseos hacia sus mejores amigos se los desea a ellos.
 
25
Que durante el tiempo de la oración contemplativa,
el perfecto contemplativo no centra su atención
en ninguna persona en particular
Ya he explicado que durante esta actividad un verdadero contemplativo no se detiene en el pensamiento de ninguna persona en particular, sea amigo, enemigo, extraño o familiar. Pues todo aquel que desea ser perfecto en ella ha de olvidarse de todo excepto de Dios.
No obstante, por medio de la contemplación va creciendo en amor y bondad prácticas, de manera que, cuando habla o reza con sus hermanos cristianos en otros momentos, el calor de su amor les alcanza también a ellos sean amigos, enemigos, extraños o familiares. Si existe alguna parcialidad, es más probable que exista hacia su enemigo que hacia su amigo. (No es que nunca abandone totalmente la contemplación -esto no podría hacerse sin un gran pecado-, pero a veces la caridad le exigirá que descienda de las alturas de su obra para hacer algo en favor de sus semejantes).
Pero en la actividad contemplativa misma, no distingue entre amigo y enemigo, hermano o extraño. Con ello, sin embargo, no quiero dar a entender que haya que dejar de sentir un afecto espontáneo hacia unos pocos que le son especialmente íntimos. Lo sentirá, naturalmente, y con frecuencia. Esto es perfectamente natural y legitimo por muchas razones que sólo el amor conoce. Recuerda que Cristo mismo tuvo especial amor por Juan, María y Pedro. Lo que quiero destacar es que durante la actividad contemplativa todos le son igualmente queridos, puesto que es Dios quien le mueve a amarlos. Ama a todos los hombres simple y llanamente por Dios; y los ama como él se ama a si mismo.
Todos los hombres se perdieron por el pecado de Adán, pero todos aquellos que por su buena voluntad manifiestan un deseo de ser salvados, serán salvados por la muerte redentora de Cristo. Una persona profundamente comprometida en la contemplación participa en el sufrimiento redentor de Cristo, no exactamente como sufrió Cristo, sino de una manera similar a la de Cristo. Pues en la verdadera contemplación la persona es una con Dios en un sentido espiritual y hace todo lo que está en su mano para atraer a otros a la contemplación perfecta. Sabes que todo tu cuerpo comparte el dolor o el bienestar sentido por cada una de sus partes porque es una unidad. En sentido espiritual, todos los cristianos son partes del único cuerpo de Cristo. En la Cruz se sacrificó a si mismo por su cuerpo, la Iglesia. Quien desee seguir a Cristo de una manera perfecta, ha de estar dispuesto también a entregarse a la obra espiritual del amor para la salvación de todos sus hermanos y hermanas de la familia humana. Repito, no sólo por sus amigos y su familia y aquellos que le son más queridos, sino que también ha de trabajar para la salvación de toda la humanidad con afecto universal. Pues Cristo murió para salvar a todo el que se arrepiente de sus pecados y busca la misericordia de Dios.
Ves, por tanto, que el amor contemplativo es tan refinado e integral que incluye en sí mismo la perfecta humildad y la caridad. Por las mismas razones y en el mismo sentido, incluye también todas las demás virtudes.
 
26
Que sin una gracia especial o una prolongada
fidelidad a la gracia ordinaria, la oración contemplativa
es muy difícil; que esta obra es sólo posible
con la gracia, que es la obra de Dios
Así, pues, entrégate a la tarea de la contemplación con sincera generosidad. Golpea sobre esta alta nube del no-saber y desecha el pensamiento del descanso. Pues te digo con franqueza que todo aquel que desea ser contemplativo experimentará el dolor de la ardua tarea (a menos que Dios intervenga con una gracia especial); sentirá agudamente el precio del constante esfuerzo hasta que se haya ido acostumbrando a esta obra durante largo tiempo.
Pero, dime, ¿por qué habría de ser tan difícil? Sin duda, el amor ferviente despertándose de continuo en la voluntad no es doloroso. No, pues es la acción de Dios, el fruto de su poder omnipotente. Dios, además, ansia siempre trabajar en el corazón de quien ha hecho todo lo posible para preparar el camino a su gracia.
Entonces, ¿por qué es esta obra tan fatigosa? El trabajo, por supuesto, consiste en la incesante lucha para desterrar los innumerables pensamientos que distraen e importunan nuestra mente y tenerlos a raya bajo la nube del olvido, de que he hablado anteriormente. Este es el sufrimiento. Toda la lucha nace del lado del hombre, del esfuerzo que ha de hacer para prepararse a la acción de Dios, acción que consiste en suscitar el amor y que sólo él puede llevar a cabo. Pero tu persevera, haciendo tu parte, y yo te prometo que Dios no te fallará.
Mantente, pues, fiel a esta obra. Quiero ver cómo progresas. ¿No ves cómo te ayuda pacientemente el Señor? ¡Ruborízate de vergüenza! Aguanta la opresión de la disciplina durante un tiempo y pronto remitirán la dificultad y el peso. Al comienzo te sentirás probado y oprimido, pero es porque todavía no has experimentado el gozo interior de esta obra. A medida que pase el tiempo, sin embargo, sentirás por ella un gozoso entusiasmo y entonces te parecerá ligera y fácil. Entonces te sentirás poco o nada constreñido, pues Dios trabajará a veces en tu espíritu por sí mismo. Pero no siempre y por mucho tiempo sino según le parezca a él mejor. Cuando haga que tú goces y seas feliz, déjale que obre como quiera.
Entonces quizá pueda tocarte con un rayo de su divina luz que atravesará la nube del no-saber que está entre él y tú. Te permitirá vislumbrar algo de los secretos inefables de su divina sabiduría y tu afecto parecerá arder con su amor. No sé decir más, ya que la experiencia va mucho más allá de las palabras. Aun cuando quisiera decir más, no podría hacerlo ahora. Pues temo no poder describir la gracia de Dios con mi torpe y desmañada lengua. En una palabra, aun en el caso de intentarlo, no lo conseguiría.
Pero cuando la gracia surge en el espíritu de un hombre, este ha de poner su parte para responder a ella, y es esto lo que quiero ahora discutir contigo. Hay menos riesgo en hablar de esto.

27
Quién ha de comprometerse en la obra
de la contemplación
 
En primer lugar y sobre todo quiero dejar claro quién ha de emprender la obra contemplativa, cuándo es apropiado hacerlo y cómo ha de proceder la persona en cuestión. Quiero darte también algunos criterios para el discernimiento en esta obra.
Si me preguntas quién ha de emprender la contemplación, te contestaré: todos los que se han apartado sinceramente del mundo y han dado de lado las preocupaciones de la vida activa. Estas personas, aun cuando hayan sido durante algún tiempo pecadoras habituales, se deberían entregar a fomentar la gracia de la oración contemplativa. 

28
Que el hombre no debe atreverse a iniciar la
contemplación hasta haber purificado su conciencia
de todo pecado particular según la ley de la Iglesia
Si me preguntas cuándo ha de comenzar una persona la obra de contemplación, te contestaré: no hasta haber purificado su conciencia de todos los pecados particulares en el sacramento de la Penitencia como prescribe la Iglesia.
Después de la Confesión seguirá existiendo la raíz y la tierra de la que brota el mal en su corazón, a pesar de todos sus esfuerzos, pero la obra del amor los curará cierta y totalmente. Por eso, esta persona deberá
limpiar primero su conciencia en la Confesión. Pero, una vez que ha hecho lo que la Iglesia prescribe, ha de comenzar sin miedo la obra contemplativa, pero con humildad, dándose cuenta de que ha tardado en llegar a ella. Pues, incluso los que no tienen conciencia de pecado grave, deberían emplear toda su vida en esta obra, ya que mientras estamos en estos cuerpos mortales experimentaremos la impenetrable oscuridad de la nube del no-saber que está entre Dios y nosotros. Además, y a causa del pecado original, sufriremos siempre el peso de nuestros errantes pensamientos, que tratarán de apartar nuestra total atención de Dios.
Este es precisamente el castigo del pecado original. Antes de pecar, el hombre era dueño y señor de todas las criaturas, pero sucumbió a la perversa sugestión de tales criaturas y desobedeció a Dios. Y ahora, al querer obedecer a Dios, siente la traba de las cosas creadas. Le acosan como plagas arrogantes a medida que trata de llegar a Dios.