sábado, 19 de enero de 2013

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y su verdad son diferentes de las que conocemos. Por eso, en un sentido, Dios
es distinto a todo lo que conocemos: hemos de grabar en la mente que las
ideas que tenemos de ´el son totalmente inadecuadas para contenerle.
Pero hay una manera superior de conocer a Dios. Adem´as del conocimiento
de Dios, fruto de un proceso de especulaci´on filos´ofica y teol´ogica, existe el
m´as divino conocimiento de Dios que tiene lugar a trav´es de la ignorancia.
En este conocimiento el intelecto es iluminado por ✭✭la insondable hondura de

la sabidur´ıa✮✮. Este conocimiento no se encuentra en los libros ni se obtiene
mediante el esfuerzo humano, pues es un don divino. El hombre, sin embargo,
puede prepararse a recibirlo, y lo hace por la oraci´on y la purificaci´on. Este
es el consejo de Dionisio:
✭✭A la hora, pues, de intentar la pr´actica de la contemplaci´on m´ıstica, has
de dejar atr´as los sentidos y las operaciones del intelecto, todo lo que los
sentidos y el intelecto pueden percibir, las cosas que son y las que no son,
y has de adentrarte hacia el no-saber y, en lo posible, hacia la uni´on con
aquel que est´a por encima de todas las cosas y de todo conocimiento. Por el
constante y absoluto abandono de ti mismo y de todas las cosas, dejando todo
y vi´endote libre de todo, te abrir´as al rayo de la divina oscuridad que supera
a todo ser✮✮ (De myst. Theol., 1,1). La idea de Dionisio es que los sentidos
humanos y el intelecto son incapaces de llegar hasta Dios y por tanto, han
de ✭✭vaciarse✮✮ de las criaturas o purificarse a fin de que Dios pueda derramar
su luz sobre ellos. En este sentido est´an en completa oscuridad con respecto
a las cosas creadas, pero al mismo tiempo quedan llenos de la luz de Dios.
De ah´ı que podamos decir que ✭✭la Divina Oscuridad es la luz inaccesible en
que, seg´un se dice, Dios habita✮✮. Cuando las facultades est´an vac´ıas de todo
conocimiento humano, reina en el alma un ✭✭silencio m´ıstico✮✮ que la lleva al
cl´ımax que es uni´on con Dios y la visi´on de ´el tal cual es en s´ı mismo.
Tal es la doctrina que fluye desde los m´ısticos apof´aticos hasta el tiempo
de san Juan de la Cruz. El punto fundamental es que nuestras facultades
ordinarias, tanto sensibles como intelectuales, son incapaces por si mismas
de representarnos a Dios. Por lo mismo, ha de abandonarse su uso ordinario. Dios est´a por encima de todo lo que podemos representar en nuestra
imaginaci´on o concebir en nuestra mente. Los cap´ıtulos 4 y 5 de la Teolog´ıa
m´ıstica de Dionisio dan un formidable y detallado cat´alogo de todas las cosas
que no se parecen a Dios. En primer lugar ninguna cosa sensible semeja a

Dios, de manera que ✭✭quitamos de ´el todas las cosas corporales, y todas las
que pertenecen al cuerpo o a cosas corporales como son la figura, la forma,


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