sábado, 19 de enero de 2013
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Lo que distingue a la contemplaci´on ense˜nada por el autor ingl´es y otros
m´ısticos cristianos es la centralidad del amor. Motivada por el amor es una
respuesta a una llamada que termina en un ´agape mutuo y cualquier cambio
de conciencia no es m´as que una consecuencia de este puro impulso del amor.
El fondo hist´orico
Creo que el lector est´a ya ansioso de saber algo m´as sobre este autor.
Por desgracia, los datos son m´ınimos y poco podemos decir. Sin duda, la
mejor manera de conocerlo es leer sus obras, donde, como siempre, el estilo
es el hombre. A pesar de los muchos intentos, nadie ha conseguido darle
un nombre; tampoco sabemos a qu´e orden religiosa perteneci´o, si es que
realmente fue religioso. Hasta tal punto lleg´o su humilde deseo de permanecer
an´onimo. Los manuscritos de sus obras son, sin embargo, numerosos; el m´as
antiguo de los manuscritos data de principios del siglo XV. Puesto que el
autor parece haber conocido la obra de Richard Rolle, y Walter Hilton parece
haberle conocido a ´el, los historiadores concluyen que debi´o escribir en los
´ultimos a˜nos del siglo XIV. Ello est´a corroborado por su estilo, que, adem´as,
indica que los tratados est´an escritos en las tierras centrales del nordeste.
Pertenece a un siglo famoso en los anales de la espiritualidad por los nombres de Richard Rolle, Juliana de Norwich y Walter Hilton en Inglaterra;
por el maestro Eckhart, Juan Taulero y Enrique Suso en Alemania; por Jan
van Ruysbroeck en Flandes; por Jacopone da Todi y Catalina de Siena en
Italia. Es una ´epoca vinculada a los nombres de ngela de Foligno y Tom´as
de Kempis, una edad, en fin, en que, a pesar de las convulsiones y de los
nminentes presagios de tormenta, Europa era profundamente religiosa.
La fe penetraba hasta el fondo de los corazones del pueblo e influ´ıa no s´olo
su arte, su m´usica y literatura, sino todos los aspectos de su vida.
La alegre Inglaterra estaba saturada de una fe religiosa que irrumpe en
Piers Plowman y en Canterbury Tales. Chaucer puede re´ırse con buen humor
de las debilidades de monjas y frailes, pero aceptaba la religi´on establecida
con esp´ıritu sumiso. Tal era la sociedad en que el autor de La Nube... vivi´o y
escribi´o: tanto ´el como su p´ublico daban por buena una Iglesia, una fe y una
vida sacramental que ya no son aceptadas sin cuestion´arselo por muchos de
sus lectores de hoy
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