domingo, 27 de enero de 2013
29 , 30 , 31
Que el hombre ha de perseverar pacientemente en la obra de
contemplaci´on, soportando alegremente sus sufrimientos y sin
juzgar a nadie
Quien desee recuperar la pureza del coraz´on perdida por el pecado y conseguir esa integridad personal que est´a por encima de todo sufrimiento, ha
de luchar pacientemente en la actividad contemplativa y mantenerse en el
tajo, haya sido pecador habitual o no. Pecadores e inocentes sufrir´an en esta
tarea, aunque obviamente los pecadores sentir´an m´as el sufrimiento. Sucede,
sin embargo, con frecuencia, que muchos que han sido grandes y habituales
pecadores llegan antes a la perfecci´on de ella que aquellos que nunca han pecado gravemente. Dios es verdaderamente maravilloso al derramar su gracia
en aquellos que elige; el mundo se queda abrumado, aturdido, ante un amor
como este.
Y creo que el d´ıa del juicio final ser´a realmente glorioso, pues la bondad
de Dios brillar´a claramente en todos sus dones de gracia. Algunos de los
que ahora son menospreciados y despreciables (y que quiz´a son pecadores
inveterados) reinar´an aquel d´ıa gloriosamente con sus santos. Y quiz´a algunos
de los que nunca han pecado gravemente y que ante los dem´as aparecen como
personas piadosas, venerados como buenos por otras personas, se encontrar´an
en la miseria entre los condenados.
Lo que quiero resaltar es que en esta vida ning´un hombre puede juzgar a
otro como bueno o malo por la simple evidencia de sus obras. Las obras en
si mismas son otra cuesti´on. Podemos juzgarlas como buenas o malas, pero
no a la persona.
30
Qui´en tiene el derecho de juzgar y censurar las faltas de los dem´as
Pero, podemos preguntar, ¿hay alguien que pueda juzgar la vida de otro
hombre?
Si, naturalmente, el que tiene la autoridad y la responsabilidad del bien
espiritual de los dem´as puede con todo derecho censurar las obras de los
hombres. Un hombre puede recibir oficialmente este poder por medio de un
decreto y la ordenaci´on de la Iglesia, o es posible que el Esp´ıritu Santo pueda
inspirar a un individuo particular bien fundado en el amor el asumir este
oficio. Pero que cada uno est´e muy atento a no arrogarse a s´ı mismo el deber
de censurar las faltas de los dem´as, porque est´a expuesto a un gran error.
Otra cuesti´on es si en la contemplaci´on un hombre realmente es inspirado a
hablar.
Por eso te advierto que lo pienses dos veces antes de emitir un juicio
sobre la vida de los dem´as hombres. En la intimidad de tu propia conciencia
j´uzgate a ti mismo como te ves delante de Dios o ante tu padre espiritual,
pero no te metas en la vida de los dem´as.
31
C´omo han de conducirse los principiantes en la contemplaci´on con
respecto a sus pensamientos e inclinaciones al pecado
Cuando creas que has hecho lo que has podido para enmendar tu vida de
acuerdo con las leyes de la Iglesia, entr´egate apasionadamente a la actividad
contemplativa. Y si el recuerdo de tus pecados pasados o la a tentaci´on de
cometer otros nuevos rondara tu mente, formando un obst´aculo entre ti y tu
Dios, apl´astalos con tus pies y pasa con decisi´on por encima de ellos. Intenta
sepultar el pensamiento de estas obras bajo la espesa nube del olvido como si
t´u o cualquier otro nunca las hubiera realizado. En una palabra: tan pronto
como surjan estos pensamientos, habr´as de rechazarlos. Si llegares a sentirte
duramente fatigado probablemente comenzar´as a investigar las t´ecnicas, los
m´etodos y las secretas sutilezas de las ciencias ocultas para que te ayuden
a controlarlos. Pero, cr´eeme, las t´ecnicas para controlar tus pensamientos se
aprenden mejor de Dios a trav´es de la experiencia que de cualquier hombre
en esta vida.
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