miércoles, 23 de enero de 2013
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Una buena exposici´on de ciertas dudas que pueden suscitarse
respecto a la contemplaci´on; que la curiosidad del hombre, su
saber y su natural inteligencia han de abandonarse en este
trabajo; de la distinci´on entre los grados y las partes de la vida
activa y contemplativa
Pero ahora me dices: ✭✭¿C´omo he de juzgar estas ideas que act´uan sobre
m´ı cuando rezo? ¿Son buenas o malas? Y si son malas, me extra˜na mucho
porque despiertan grandemente mi devoci´on. A veces son un alivio real e
incluso me hacen llorar de pena ante la Pasi´on de Cristo o de mis propios
pecados. Por otras razones tambi´en estoy inclinado a creer que estas santas
meditaciones me hacen un gran bien. Por eso, si no son malas sino positivamente buenas, no comprendo por qu´e me aconsejas que las deje debajo de
una nube del olvido✮✮.
Las preguntas que me haces son muy buenas y tratar´e de responderlas lo
mejor que pueda. Quieres conocer, en primer lugar, qu´e clase de pensamientos son, ya que parecen ser tan ´utiles. A esto respondo: son las ideas claras
de tu inteligencia natural que la raz´on concibe en tu mente. A lo de si sonbuenas o malas, insistir´e en que son siempre buenas en si mismas, ya que tu
inteligencia es un reflejo de la inteligencia divina. Son buenas, ciertamente,
cuando con la gracia de Dios te ayudan a comprender tus pecados, la Pasi´on de Cristo, la bondad de Dios o las maravillas que obra a trav´es de la
creaci´on. Nada de extra˜no si estas reflexiones arraigan tu devoci´on. Pero son
malas cuando, hinchadas por el orgullo, la curiosidad intelectual y el ego´ısmo,
corrompen tu mente. Pues entonces has dejado a un lado la mente humilde
de un sabio, de un maestro en teolog´ıa y asc´etica para ser como esos sabios
orgullosos del demonio, expertos en vanidades y mentiras. Lo digo como una
advertencia para todos. La inteligencia natural se inclina al mal siempre que
se llena de orgullo y de curiosidad innecesaria sobre negocios mundanos y
vanidades humanas o cuando ego´ıstamente anhela las dignidades mundanas,
las riquezas, los placeres vanos, o la vanidad.
Me preguntas ahora: si estos pensamientos no s´olo son buenos en si mismos sino que adem´as pueden usarse para bien, ¿por qu´e los debo dejar bajo
una nube de olvido? Responder a esto precisa cierta explicaci´on. Comenzar´e diciendo que en la Iglesia hay dos clases o formas de vida, la activa y la
contemplativa. La vida activa es inferior, y la contemplativa superior. Dentro
de la vida activa hay tambi´en dos grados, uno bajo y otro m´as alto. Pero
estas dos vidas son tan complementarias que, si bien son totalmente diferentes entre s´ı, ninguna de las dos puede existir independientemente de la otra.
Pues el grado superior de la vida activa se introduce en el grado inferior de
la contemplativa, de manera que, por activa que sea una persona, es tambi´en
al mismo tiempo parcialmente contemplativa. Y cuando el hombre es tan
contemplativo como puede ser en esta vida, en cierta medida sigue siendo
activo.
La vida activa es de tal naturaleza que comienza y termina en la tierra.
La contemplativa, sin embargo, puede ciertamente comenzar en la tierra pero
continuar´a sin fin en la eternidad. Y ello porque la vida contemplativa es la
parte de Mar´ıa que no le ser´a quitada. La vida activa, en cambio, se ve turbada y preocupada por muchas cosas, pero la contemplativa se sienta en
paz con la ´unica cosa necesaria.
En el grado inferior de la vida activa la persona hace bien ocup´andose
en buenas acciones y obras de misericordia. En el grado superior de la vida
activa (que se funde con el grado inferior de la vida contemplativa) el hombre
comienza a meditar en las cosas del esp´ıritu. Ahora es cuando debe ponderar
con l´agrimas la maldad del hombre hasta adentrarse en la Pasi´on de Cristo
y los sufrimientos de sus santos con ternura y compasi´on. Es ahora tambi´en
cuando crece en el aprecio de la bondad de Dios y de sus dones y comienza
a alabarle y darle gracias por las maravillosas maneras con que act´ua en
su creaci´on. Pero en el grado m´as alto de la contemplaci´on -tal como la
conocemos en esta vida- todo es oscuridad y una nube del no-saber. Aqu´ı uno
se vuelve a Dios con deseo amoroso de s´olo El mismo y permanece en la ciega
´
conciencia de su desnudo ser.
Las actividades del grado inferior de la vida activa dejan gran parte del
potencial humano natural del hombre sin explotar. En esta etapa vive, como
si dij´eramos, fuera de si mismo o por debajo de si mismo. A medida que avanza hacia el grado superior de la vida activa (que se funde con el grado inferior
de la vida contemplativa) se va haciendo m´as interior, viviendo m´as desde
las profundidades de si mismo y haci´endose m´as verdaderamente humano.
Pero en el grado superior de la vida contemplativa se trasciende a si mismo
porque consigue por la gracia lo que por naturaleza est´a por encima de ´el.
Pues ahora se encuentra unido a Dios espiritualmente en una comuni´on de
amor y de deseo. La experiencia ense˜na que es necesario dejar a un lado por
un tiempo las obras del grado inferior de la vida activa, a fin de adentrarse
en el grado superior de la vida activa, que, como dijimos, se funde en el grado
inferior de la vida contemplativa. De la misma manera, llega un momento en
que es necesario dar de lado estas obras tambi´en a fin de avanzar hacia el
grado superior de la vida contemplativa. Y as´ı como es error que una persona
que se sienta a meditar piense en las cosas que ha hecho o que har´a sin mirar
si son buenas y dignas en si mismas, de la misma manera no est´a bien que
una persona que debiera estar ocupada en la obra de la contemplaci´on en la
oscuridad de la nube del no-saber deje que las ideas sobre Dios, sus dones
maravillosos, su bondad o sus obras le distraigan de la atenci´on a Dios mismo. Es esta una cuesti´on distinta del hecho de que se trate de pensamientos
buenos que reportan confort y gozo. ¡No tienen lugar aqu´ı!.
Por ello te apremio a que deseches todo pensamiento sabio o sutil por
santo o valioso que sea. C´ubrelo con la espesa nube del olvido porque en
esta vida s´olo el amor puede alcanzar a Dios, tal cual es en s´ı mismo, nunca el conocimiento. Mientras vivimos en estos cuerpos mortales, la agudeza
de nuestro entendimiento permanece embotada por limitaciones materiales
siempre que trata con las realidades espirituales y m´as especialmente con
Dios. Nuestro razonamiento, pues, no es jam´as puro pensamiento, y sin la
asistencia de la misericordia divina nos llevar´ıa muy pronto al error.
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