jueves, 24 de enero de 2013
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Que en la contemplaci´on queda destruido el pecado y se fomenta
toda clase de bien
As´ı, pues, para mantenerte firme y evitar las trampas, mantente en la senda
en que est´as. Deja que tu incesante deseo golpee en la nube del no-saber que
se interpone entre ti y tu Dios. Penetra esa nube con el agudo dardo de tu
amor, rechaza el pensamiento de todo lo que sea inferior a Dios y no dejes esta
obra por nada. La misma obra contemplativa del amor llegar´a a curarte de
todas las ra´ıces del pecado. Ayuna cuanto quieras, mantente en vigilia hasta
bien entrada la noche, lev´antate antes de la aurora, disciplina tu cuerpo y,
si te es permitido -que no lo es-, s´acate los ojos, arr´ancate la lengua, tapa
tus o´ıdos y nariz y prescinde de tus miembros; si, castiga tu cuerpo con toda
clase de disciplina y seguir´as sin conseguir nada. El deseo y la tendencia hacia
el pecado permanecer´ıan en tu coraz´on. Todav´ıa m´as, si lloraras en perpetuo
llanto tus pecados y la Pasi´on de Cristo y ponderaras incesantemente los
goces del cielo, ¿crees que te har´ıa alg´un bien? Mucho bien, no me cabe la
menor duda. Estoy seguro de que aprovechar´ıas y crecer´ıas en la gracia, pero
en comparaci´on con el ciego impulso del amor, todo esto es muy poco. Pues
la obra contemplativa del amor es la mejor parte y pertenece a Mar´ıa. Es
totalmente completa en si misma, mientras que todas las dem´as disciplinas
y ejercicios son de poco valor sin ella.
La obra del amor no s´olo cura las ra´ıces del pecado, sino que fomenta la
bondad pr´actica. Cuando es aut´entica ver´as que eres sensible a toda necesidad
y que respondes con una generosidad desprovista de toda intenci´on ego´ısta.
Todo lo que trates de hacer sin este amor ser´a ciertamente imperfecto, pues
es seguro que se echar´a a perder por ulteriores motivos.
La bondad aut´entica se manifiesta en una manera habitual de obrar bien
y de responder adecuadamente en cada situaci´on, seg´un se presenta; est´a movida siempre por el deseo de agradar a Dios. Solo El es la fuente pura de todo
´
bien, y si alguna persona se ve motivada por algo distinto de Dios, aun cuando
Dios sea el primero, entonces su virtud es imperfecta. Esto es evidente en el
caso de dos virtudes en particular, la humildad y el amor fraterno. Quien adquiere estos h´abitos y actitudes no necesita otros, pues en ellos poseer´a todos
los dem´as.
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