jueves, 24 de enero de 2013

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De la manera que tiene el hombre de conocer cu´ando sus
pensamientos son pecaminosos; de la diferencia entre pecados
mortales y veniales


Otra cosa son los pensamientos sobre los hombres mortales y sobre las
cosas materiales o mundanas. Es posible que aparezcan en tu mente sin tu
consentimiento pensamientos relativos a estas cosas. No hay pecado en ello,
pues no es culpa tuya ya que todo esto sucede como resultado del pecado
original. Aunque quedaste limpio del pecado original en el bautismo, sigues
cargado con sus consecuencias. Por lo mismo, est´as obligado a rechazar estos
pensamientos inmediatamente, pues tu naturaleza es d´ebil. Si no lo haces,
te puedes ver arrastrado a amar u odiar seg´un las reacciones que susciten.
Si es un pensamiento agradable o te recuerda alg´un placer pasado, podr´ıas
sorprenderte consintiendo al goce del mismo; y si se trata de un pensamiento
desagradable o te trae a la memoria alg´un recuerdo doloroso, podr´ıas ceder
a un sentimiento de rencor. Un consentimiento tal puede llegar a convertirse
en pecado grave en el caso de una persona que vive alejada de Dios y que ha
hecho una elecci´on fundamental en contra del bien. Pero en el caso tuyo como
de cualquier otra persona que sinceramente ha renunciado a las ataduras
mundanas, s´olo seria un pecado leve. Al haber elegido tu modo de vida actual,
hiciste una opci´on radical por Dios, y esto queda en pie, aunque tengas alg´un
fallo pasajero. No hay un consentimiento pleno y por esto, para ti, seria un
pecado m´as leve. A pesar de todo esto, si permites que tus pensamientos,
faltos de control, lleguen al punto en que consciente y voluntariamente t´u te
instalas en ellos, con pleno consentimiento, caer´ıas en un pecado grave. Pues
es siempre pecado grave, si con plena conciencia y asentimiento te mantienes
pensando en alguna persona o cosa que incitan tu coraz´on a uno de los siete
pecados capitales.
Si le das vueltas a alguna injusticia pasada o presente, pronto te torturar´an deseos de venganza e ira; y la ira es pecado. Si engendras desprecio
profundo por otra persona y una especie de odio lleno de rencor y de juicios
prematuros, has sucumbido a la envidia. Si cedes a la comodidad y a la desgana de hacer el bien, esto se llama pereza. Si el pensamiento que te viene
(o suscitas) est´a cargado de engreimiento y te hace presumir de tu honor,

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