jueves, 24 de enero de 2013

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Que un pecador verdaderamente convertido y llamado a la
contemplaci´on llega a la perfecci´on del modo m´as r´apido a trav´es
de la contemplaci´on; que este es el camino m´as seguro para
obtener de Dios el perd´on del pecado




No importa que el hombre haya pecado mucho, ya que puede arrepentirse
y enmendar su vida. Y si siente que la gracia de Dios le arrastra a la vida contemplativa (habiendo seguido fielmente la direcci´on de su padre y consejero
espiritual), que nadie se atreva a llamarle presuntuoso por querer alcanzar
a Dios en la oscuridad de esa nube del no-saber con el humilde deseo de su

amor. ¿No dijo nuestro Se˜nor a Mar´ıa, que representa a todos los pecadores
arrepentidos llamados a la contemplaci´on: ✭✭tus pecados te son perdonados✮✮?.
¿Piensas que dijo esto s´olo porque ella se acordaba siempre de sus pecados
pasados? ¿O por la humildad que sent´ıa a la vista de su miseria? ¿O porque
su dolor era grande? No, fue porque ✭✭am´o mucho✮✮.
Graba bien esto. Pues en ello puedes ver lo poderoso que es con la ayuda
de Dios ese secreto amor contemplativo. Es m´as poderoso, te lo aseguro, que
cualquier otra cosa. Pero, al mismo tiempo, Mar´ıa estaba llena de remordimiento, llor´o mucho sus pecados pasados y estaba profundamente humillada
ante el pensamiento de su vileza. En el mismo sentido, nosotros que hemos sido tan miserables y habituales pecadores durante toda nuestra vida
deber´ıamos lamentar nuestro pasado y ser totalmente humildes al recordar
nuestro infeliz estado.
Pero, ¿c´omo? Sin duda el camino de Mar´ıa es el mejor. Ciertamente nunca
ces´o de sentir un constante dolor por sus pecados y durante toda su vida los
llev´o como una gran carga secreta en su coraz´on. Sin embargo, la Escritura
testifica que su m´as hondo dolor no fue tanto por sus malas obras como por
su falta de amor. Si, y por esto desfallec´ıa con un ansia y tristeza transidas de
dolor que le llevaban casi al trance de la muerte, pues aunque su amor era muy
grande a ella le parec´ıa muy peque˜no. No has de sorprenderte por esto. Es el
estilo de todos los verdaderos amantes. Cuanto m´as aman, m´as desean amar.
En su coraz´on conoc´ıa con absoluta certeza que era el m´as miserable de todos
los pecadores. Se daba cuenta de que sus malas obras le hab´ıan separado del
Dios a quien tanto amaba y por eso mismo desfallec´ıa ahora, enferma como
estaba por su falta de amor. ¿Y qu´e hizo? ¿Piensas que entonces baj´o desde
las alturas de su gran deseo a lo hondo de su mala vida buceando en ese
f´etido cieno y en el lodazal de sus pecados, examin´andolos uno a uno en sus
m´ınimos detalles a fin de medir su dolor y sus l´agrimas m´as eficazmente?
No, ciertamente. ¿Por qu´e? Porque Dios mismo, en las profundidades de su
esp´ıritu, le ense˜n´o con su gracia la inutilidad de esta actitud. Con las solas
l´agrimas podr´ıa haberse despertado m´as pronto a nuevos pecados que a un
perd´on seguro de su pasado.
Por eso, dirigi´o apresuradamente su amor y deseo hacia esa nube del nosaber y aprendi´o a amarle, sin verle a la clara luz de la raz´on ni sentir su
presencia en el goce sensible de la devoci´on. Tan absorta estaba en el amor

que con frecuencia olvidaba si hab´ıa sido pecadora o inocente. Si, pienso que
se enamor´o tanto de la divinidad del Se˜nor que apenas se daba cuenta de la
belleza de su presencia humana cuando estaba sentado junto a ella, hablando
y ense˜nando. Por el relato evang´elico se dir´ıa que lleg´o a olvidarse de todo,
tanto de lo material como de lo espiritual.



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