domingo, 27 de enero de 2013
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Que la persona se purifica de sus pecados particulares y de sus
consecuencias por medio de la contemplaci´on; sin embargo, nunca
llega a la seguridad perfecta en esta vida
No entrar´e ahora directamente en otras t´ecnicas. Si dominas estas, creo
que estar´as m´as capacitado para ense˜narme a mi que yo a ti. Pues, a pesar
de que todo lo que te he dicho es cierto, estoy muy lejos de ser un experto
en ellas. Por eso espero sinceramente que me puedas ayudar progresando
t´u mismo en ellas.
Te animo a que te mantengas durante alg´un tiempo en esta tarea y si
no puedes dominar inmediatamente estas t´ecnicas, aguanta pacientemente el
sufrimiento de las distracciones. Pero tu sufrimiento pasar´a y Dios comenzar´a a ense˜narte sus propios m´etodos por medio de su gracia y a trav´es de
la experiencia. Entonces sabr´e que has sido purificado del pecado y de sus
efectos; de los efectos de tus propios pecados personales, es decir, no de los
del pecado original. Pues las secuelas del pecado original te asediar´an hasta
la tumba, a pesar de tus esfuerzos. No te molestar´an tanto, sin embargo,
como los efectos de tus pecados personales. Has de comprender, no obstante,
que en esta vida no podr´as vivir sin gran angustia. Por lo que respecta al pecado original, cada d´ıa te traer´a alguna nueva tentaci´on al mal que habr´as de
derribar y cercenar con la vehemente espada de doble filo del discernimiento.
La experiencia te ense˜nar´a que en esta vida no hay absoluta seguridad ni paz
duradera.
Pero no cedas nunca ni te pongas demasiado nervioso por la posible ca´ıda.
Pues si tienes la gracia de dominar los efectos de tus pecados personales con la
ayuda de los recursos que he descrito (o si puedes con otras formas mejores),
conf´ıa en que los efectos del pecado original y dem´as tentaciones que puedan
derivarse de ellos apenas habr´an de impedir tu crecimiento
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